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OLATZ BARRIUSO o.barriuso@diario-elcorreo.com
Domingo, 19 de noviembre 2006, 11:43
La cita es a las doce en Lezama pero Javi no aparece hasta la una. Ha tenido un pequeño susto con su tobillo izquierdo en el entrenamiento y el tiempo se ha echado encima. No importa. «Vamos dónde querais. Ningún problema». Al principio parece tímido pero, a medida que van pasando las horas, Javi Martínez Aguinaga -navarro de Ayegui, 18 años recién cumplidos y el segundo fichaje más caro de la historia del Athletic, que pagó seis millones de euros a Osasuna por él- se va soltando y se muestra como lo que es. Un chaval, casi todavía adolescente, sencillo y espontáneo, ocurrente, sensato. Cercano. Cualquier parecido con la imagen estereotipada del 'crack' futbolístico es mera coincidencia. La jornada acaba con una partida de bolos en un centro comercial cercano a su casa. «¿He ganado, he ganado! Ponlo ¿eh?». Entre bola y bola aprovecha para curiosear las notas del cuaderno de la periodista, que en ese momento había ido a buscarle una coca-cola.
-¿Cómo es tu vida, Javi?
-«Pues es que es súper aburrida mi vida. Nada especial, entrenar, comer, echar la siesta, quedar con la novia A veces voy al cine, al centro comercial », dice desde su imponente 1,90 de estatura, vestido con pantalones de camuflaje y una sudadera muy 'fashion' en la que se lee 'Sex & Jeans'.
Javi Martínez estaba de vacaciones en Salou con su hermana y sus sobrinos cuando Athletic y Osasuna llegaron a un acuerdo por el que el club rojiblanco abonó al navarro su cláusula de rescisión. Sus padres y su representante cerraron su contrato, que le vincula a la entidad por seis temporadas, con una ficha que oscila entre los 600.000 y los 700.000 euros anuales, mientras él se bañaba en la Costa Brava. «No me contaron nada hasta que llegué. Les dije: ¿Queréis que firme? Y me dijeron que sí. Además, el Athletic siempre me ha gustado, sobre todo que sean todos jugadores de aquí».
Aquel día de principios de julio, Javi saltó directamente desde la 2ªB a Primera División y se convirtió, de un plumazo, en el jugador más joven de esta categoría, en millonario y en la gran esperanza blanca del club de Ibaigane. Pero él parece no dar más importancia que la justa a la fama, al dinero y a la vitola de figura que le adorna desde su fichaje. «Mi hermano y mis compañeros de equipo me dicen que no se me suba a la cabeza, pero no hay peligro. Si fuese, no sé, Michael Jordan, igual sí pensaría 'soy la hostia', o si fuese el mejor jugador del mundo, pero como no soy nadie »
Es consciente de que, con su ficha, tiene la vida solucionada cuando otros chavales de su edad aún no saben ni qué carrera estudiar. Pero el tema monetario, dice, no le preocupa demasiado. Si se le pregunta qué es lo primero que se compró cuando los ceros empezaron a menudear en su cuenta, no lo tiene claro. «¿Vale un mp3? Cuesta 70 euros, pero bueno». Hasta se alegra, pícaro, de que le hagan descuento en la tienda de ropa en la que trabaja su prima. «Lo del dinero lo llevan mis padres, yo me dejo aconsejar». Y se pone serio, un punto filosófico, -y eso que admite que la Filosofía es la asignatura que más se le ha resistido en el instituto- para hablar del tema. «El dinero es importante pero no vital. No es más feliz quien más tiene sino quien con menos se conforma», sentencia. Después, hace una pausa, pensativo, y le asoma una ancha sonrisa a la cara. «¿Menuda frase he soltado! ¿No la sacarás en grande, ¿no? Porque seguro que la pegan en la pared del vestuario. ¿No nos reímos poco cuando Tiko dijo que en la virtud está el defecto, o algo parecido!».
Periodista o preparador
De vez en cuando, pone el piloto automático de futbolista en rueda de prensa y suelta alguna frase de las de bombo y platillo. «Cuando deje el fútbol, o el fútbol me deje a mí, no me gustaría estar parado». El centrocampista se imagina, dentro de unos cuantos años -le gustaría permanecer en el Athletic bastantes más de los seis que tiene firmados- ejerciendo de periodista deportivo o de preparador físico. De hecho, de no haber explotado para el fútbol en plena adolescencia, a Javi le habría gustado ser reportero o abogado -«me va lo de defender a la gente»-, y la pasión por el deporte es algo innato en él. «Me pasaría las tardes jugando al baloncesto y patinando».
Pero la disciplina obliga y, en cambio, Javi se echa «hora y media» de siesta después de comer. «¿Anda ya! ¿Por lo menos tres, si duermes catorce horas diarias!». La que le corrige es su novia, Janire. Tiene 18 años, es de Bilbao y estudia primero de Empresariales. Les presentó una amiga de ella y se les ve encantados de estar juntos. Caminan agarraditos, bromean, se abrazan Pero, eso sí, ella huye de la cámara. Discreta, le acompaña en el periplo fotográfico que ilustra este reportaje y apostilla de vez en cuando. Por ejemplo, cuando Javi toma los mandos de la 'play station' en su casa de Artaza -en realidad es del ex jugador del Athletic Santi Ezquerro- donde vive de alquiler con su hermano. «Está enganchado», comenta, mientras los jugadores pixelados del Inter y del Arsenal se golean en la última edición del 'Pro evolution soccer'.
Álvaro -de 27 años, futbolista del Sestao-, es una de las personas más importantes de su nueva vida y se nota que Javi le tiene un cariño especial. «Es el jefe de la casa, hace de padre y madre para mí. Siempre desayunamos juntos, es nuestro momento, y hacer la compra los dos es también como una tradición. El otro día llegué a las once de estar con la novia y me echó una bronca Ya sabes, que si juego en Primera y tengo que cuidar mi imagen, que tenga un poco de cabeza, que qué van a decir de mí si me ven por ahí Él sabe lo que hay porque lleva muchos años jugando en equipos buenos de 2ªB».
¿Y qué es lo que hay? El tópico del futbolista tarambana, trasnochador y asediado por modelos y 'misses', al que tanto han contribuido los 'galácticos' más asiduos al colorín. «Yo también tenía esa idea. 'Mira estos', pensaba. Hasta que les conoces y te das cuenta de lo equivocado que estabas. Los futbolistas no somos como dicen que somos. Son contados los que hacen esa vida. De los del Madrid sólo conozco a Sergio Ramos y de 'galáctico' no tiene nada. Es la persona más humilde y simpática que te puedas imaginar».
Javi jura y perjura que no se le acercan más chicas que antes y tampoco le importa demasiado renunciar a las salidas nocturnas o al 'botellón' al que se entregan cada fin de semana muchos de sus coetáneos. «Nunca he tomado nada», dice, «y siempre me lo he pasado genial». «Cada vez los jóvenes necesitan más de las drogas y el alcohol para pasárselo bien. No entiendo por qué pero es así. Si fuesen mis amigos, hablaría con ellos».
-¿Entonces, no te sientes, de pronto, en la estratosfera?
-¿Qué va! ¿Ojalá estuviera en la estratosfera el Athletic!
Su infancia
Javi es el menor de cuatro hermanos, María, Cristina y Álvaro. Sus padres, Fortu y Vicente, son responsables «por lo menos en un 60%» de que se haya hecho un hueco entre los grandes. Desde que empezó a entrenar hasta que su talento le llevó de cabeza a Primera dedicaban «cuatro horas diarias» al benjamín: una hora de ida y otra de vuelta desde Ayegui -pegadito a Estella- hasta Tajonar, más las dos horas que duraba el entrenamiento. Su madre regenta una carnicería y su padre es jefe de un taller de aluminios. «Si estoy aquí es gracias a ellos. Antes no lo valoraba pero ahora me doy cuenta. ¿Sabes el esfuerzo que conlleva eso? Mi abuela materna se quedó en silla de ruedas y ellos tuvieron que buscar a alguien que la cuidara para que yo pudiera seguir yendo a entrenar».
Seguramente intuían que el esfuerzo merecería la pena. Ahora a Javi ya no le hace falta chófer. Hace dos semanas que sacó el carné de conducir «a la primera» y se le ve encantado al volante de un viejo cacharro que le ha prestado su padre. Pronto le traerán el Audi A3 que ha comprado y ya no le hará falta que su hermano o 'Gurpe' -Carlos Gurpegui- le acerquen al pueblo. «Voy dos días a la semana, cuando tengo libre. Como en casa no se está en ningún lado», explica, aunque reconoce que se ha adaptado sin problemas a su nueva vida. «No he notado mucho cambio».
-¿Crees que lo tienes todo?
-No, qué va.
-¿Qué te falta?
-No lo sé, tampoco pienso en eso. Bueno, igual los estudios.
Javi quiere acabar el Bachillerato -está matriculado en 2º en el Instituto Unamuno de Bilbao, en horario nocturno-, aunque sabe que no es fácil reunir la fuerza de voluntad necesaria para estudiar desde casa, y también aprender idiomas. No sabe nada de euskera pero piensa ponerse manos a la obra desde ya en un euskaltegi. También quiere perfeccionar el francés y el inglés. Suena el móvil. «¿Me podéis llamar luego, que estoy en una entrevista? Vale. Goodbye». «¿Goodbye, pero quién era?», le pregunta su novia. «¿Los de 'Home English!», suelta, y se ríe a carcajadas.
Es el Javi espontáneo, el que va surgiendo poco a poco a medida que pasan las horas. El mismo que en la bolera, con unos zapatones del 48 -se los ha pedido bromeando a la encargada, porque en realidad calza un 45-, se autoparodia. «Bueno, la verdad es que ha sido un partido muy disputado » Y se ríe a carcajadas.
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