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M. D. TORTOSA
Jueves, 5 de septiembre 2013, 15:57
Desde esta mañana, cuando Susana Díaz se ha conviertido en baronesa territorial del PSOE, el acento andaluz ha vuelto, como en tiempos de Felipe González y Alfonso Guerra, a escucharse de otra manera en la sede de Ferraz. Ni Griñán ni Chaves hablan auténtico "andaluz" como ella, sin eses, pero vocalizado y rotundo. A Susana Díaz le habrá dolido que Felipe González diga que no la conoce como para valorarla e, incluso, que critique el proceso acelerado de las primarias que la han aupado como candidata a la Presidencia de la Junta sin votación de la militancia debido a que ninguno de los otros dos precandidatos lograron los avales suficientes. Se ha pasado toda la campaña interna reivindicando los gobiernos de González. «Pude estudiar gracias a las becas de Felipe», repitió en cada acto.
Una manera de recordar su edad, 39 años, y su ascendencia obrera. Su padre, al que adora, es fontanero en el Ayuntamiento de Sevilla. Ella nació, se casó y vive en el popular barrio de Triana. En todas sus acepciones es trianera: cofrade de la Esperanza, del Betis, taurina, le gusta la feria, la Semana Santa, paseó en coche de caballos por su barrio el día de su boda y fue Baltasar en la cabalgata de Reyes Magos.
Desde hasce unas horas, cuando ha asumido la Presidencia de Andalucía, es la primera mujer en liderar la comunidad más poblada de España y la segunda en presupuesto. Será la primera en jurar el cargo, ya que todos los presidentes lo prometieron. Díaz, que no estudió en colegio de monjas sino en uno público, fue catequista y se confiesa católica creyente.
Críticas
Todos estos matices biográficos pueden trabajar a su favor en la que a partir de ahora es su principal misión, recuperar la mayoría social, perdida en las tres últimas elecciones. Que consiga administrar esos matices populistas con éxito es lo que más teme el PP, partido que ganó las últimas elecciones autonómicas después de 30 años de mayorías socialistas. Díaz no es una oradora brillante en el Parlamento, pero en los mítines se crece y atrapa al auditorio. Son su gran fuerte, lo que sedujo a Griñán.
También su capacidad de trabajo. «Es una estajanovista», según uno de sus colaboradores. Trabaja las 24 horas si hace falta, se lleva deberes a casa y algunos domingos cruza el puente de Triana para trabajar en su despacho. Griñán le concedió un gran poder dentro del Gobierno cuando la nombró hace un año consejera de Presidencia y coordinadora del pacto con IU. Ya le había echado el ojo como sucesora y le puso cerca para que se entrenara. «Es una esponja», suele decir el presidente.
Licenciada en Derecho, sus detractores subrayan que no ha trabajado más que en política. Ella defiende sin complejos ser «una mujer de partido», en el que ha sido sobre todo cocinera antes que fraile, y en el que las fallidas primarias han dejado un regusto amargo.
La sensación de que ha sido un "dedazo" con guante de seda de la dirección del PSOE andaluz está muy extendida entre la militancia e incluso en la dirección federal del partido. Las prisas y un proceso hecho para lucimiento de la candidata oficialista han merecido las críticas de muchos que creen desperdiciado un gesto de democracia interna.
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