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AGENCIAS
Viernes, 26 de abril 2013, 14:20
Francia condenó este jueves a Mikel Karrera Sarobe, 'Ata', a cadena perpetua, con 22 años de cumplimiento mínimo, y a Saioa Sánchez Iturregui, 'Hintza', a 28 años de prisión por el asesinato en Capbreton de los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero, el 1 de diciembre de 2007. Por su parte, Asier Bengoa López de Armentia fue absuelto del crimen. El tribunal no consideró suficientes las pruebas de olor obtenidas en el lugar de los hechos para condenarle por la muerte de los guardias civiles. Sin embargo, tendrá que enfrentarse a 15 años de cárcel por otros de los cargos a los que se enfrentaba.
El tribunal también dictó penas de prisión para los otros cuatro encausados, que no estaban imputados de forma directa en los hechos de Capbreton. El exjefe militar de ETA, Garikoitz Aspiazu Rubina, 'Txeroki', fue sentenciado a 9 años, en tanto que dirigente terrorista, cargo que compartía con Karrera Sarobe.
'Txeroki' ya acumula en Francia varias condenas: además de la de este martes, acumula otras tres penas de veinte, ocho y seis años. Con todo ello, el terrorista supera ya los 30 años de periodo máximo de encarcelamiento, y eso sin contar las cuentas pendientes con la justicia española. En esta misma situación está Karrera Sarobe, que a la cadena perpetua por el crimen de Capbreton, tiene una pena de veinte años, impuesta hace seis semanas por el tribunal de París.
Por su parte, las siete juezas del tribunal condenaron a siete años de cárcel a Ibon Goieaskoetxea Arronategi; y a cinco a Eider Uruburu Zabaleta (que ya cumple otra pena de seis años) e Iratxe Sorzábal Díaz. Esta última, que se encuentra en busca y captura y fue juzgada en rebeldía, es la madre de una hija de 'Ata' nacida en agosto de 2009 durante su estancia en la clandestinidad en Francia.
En el juicio resuelto este martes estaban personados como partes civiles los padres y hermanos de Centeno y Trapero. También ejercieron la acusación particular el Estado español y la mujer que fue secuestrada en su huida por el comando ejecutor para apoderarse de su coche así como el dueño del automóvil en el que los agresores llegaron al lugar de los hechos, el aparcamiento del centro comercial Leclerc de Capbreton (Las Landas).
Un encuentro casual
Los hechos juzgados se remontan a la lluviosa y desapacible mañana del 1 de diciembre de 2007. Aquel día, Karrera, Sánchez y Bengoa acudieron a las 8:40 horas a desayunar a la cafetería 'Les Ecureuils'. Poco después los guardias civiles Centeno y Trapero llegaron al establecimiento casi vacío por ser sábado y se sentaron a tomar un par de cafés hablando en español en una mesa contigua a la del trío. Era su primer día de misión común en un dispositivo de vigilancia y detección de citas de etarras los fines de semana por la zona, que estaba formado por 17 guardias civiles y 9 agentes de los Renseignements Généraux (RG, servicios de información).
A las 8:53 pagaron las consumiciones y se montaron en su coche camuflado, perteneciente a la Guardia Civil pero equipado con placas de matrícula francesas suministradas por los RG. Se quedaron escuchando su radio de servicio a un volumen sonoro que hacía perfectamente audibles desde el exterior las comunicaciones en español.
A las 9:01 minutos los tres etarras pasaron por caja y salieron al aparcamiento para ejecutar el plan criminal que habían pergeñado sobre la marcha en poco más de diez minutos al darse cuenta de que aquellos dos clientes con los que habían coincidido por casualidad a desayunar eran guardias civiles. Los testigos relataron el inicio a las 9:03 de una fuerte discusión seguida tres minutos después por dos detonaciones y una tercera transcurridos unos 30 segundos.
Centeno, que estaba sentado al volante, logró salir herido del coche pero fue rematado con un disparo en la cabeza que le causó la muerte instantánea. Trapero, el copiloto, falleció sin recobrar el conocimiento la mañana del 5 de diciembre en el hospital de Bayona a causa de las gravísimas lesiones ocasionadas por el balazo que le atravesó el cráneo.
"Calma y sangre fría"
La Fiscalía de París, que había solicitado cadena perpetua para 'Ata' y 30 años para 'Hintza' y para Bengoa, había justificado su demanda por estimar que el asesinato de Capbreton había sido premeditado a la vista de "la calma" y "la sangre fría" con la que actuó el comando, así como del reparto de papeles entre sus tres componentes.
Los abogados de las familias y del Estado español, que se habían constituido en acusación particular, también habían considerado que hubo premeditación en la acción de los tres etarras que, de acuerdo con la tesis oficial -y la manifestada este mismo martes por los propios acusados-, habían coincidido de forma fortuita con los agentes en la cafetería de Capbreton. Uno de los elementos de prueba sobre la composición del trío criminal fue la asociación, por perros policías especializados, de muestras del olor personal que dejaron en las sillas de esa cafetería con otras que se les tomaron al ser arrestados, en el caso de 'Hintza' y Bengoa sólo cuatro días después, en el de 'Ata' el 20 de mayo de 2010.
Las familias de los guardias civiles, por boca de su abogado habían insistido ante el tribunal que a causa de Capbreton "están condenadas a un duelo eterno", e hicieron hincapié en que "éste es un asesinato sin causa, sin causa justa". También habían reprochado a ETA que en el comunicado de reivindicación de ese atentado, publicado quince días después, hablara de un enfrentamiento armado cuando Centeno y Trapero estaban desarmados: "una mentira para cubrir la ausencia de sentido".
Sin arrepentimiento
Este martes los etarras, antes de que las magistradas se retiraran a deliberar, leyeron un comunicado en el que no dieron muestra de ningún arrepentimiento por esos hechos y cargaron con particular dureza contra la Guardia Civil. Además de su habitual negación de legitimidad para juzgarlos al Tribunal de lo Criminal de París, "que representa al Estado francés", en ese texto leído por Goiaskoetxea calificaron de "una nueva era" la abierta por la declaración de ETA en octubre de 2011 del abandono definitivo de la actividad armada para que "un hecho dramático como el de Capbreton no se repita nunca".
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