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MANU ALVAREZ
Lunes, 2 de diciembre 2013, 11:42
Desgraciadamente para Chipre y sus habitantes, el colapso de su sistema financiero y la polémica en torno a la mejor fórmula para solucionarlo constituye una lección magistral para el resto del mundo y en especial para la Eurozona sobre las consecuencias de una crisis de este tipo. Los chipriotas están actuando como conejillos de indias para educar a la población y también a la clase política de otros países, especialmente reacia a admitir, por ejemplo, que si se cae el sistema financiero se desmorona casi todo a nuestro alrededor. Lo que ha sucedido ahora en Chipre pudo suceder hace muy poco tiempo en España de la mano de Bankia. Los 22.500 millones de euros de dinero público inyectados en la entidad que preside ahora José Ignacio Goirigolzarri -hay quien estima que aún serán necesarios otros 5.000 millones adicionales para restañar la avería de las preferentes- han permitido, precisamente, que los depósitos estén a salvo.
Primera Lección: Salvar el sistema financiero es necesario. Estos días no salgo de mi asombro. Los mismos tertulianos y opinadores profesionales que criticaban hace algunas semanas con dureza las importantes ayudas públicas concedidas por el Gobierno español al sector financiero español -de la mano a su vez de inyecciones de crédito procedentes de la UE-, son los mismos que exigen ahora que la Unión Europea y la Troika flexibilicen su postura, aflojen la mano e incrementen su ayuda a Chipre, para que los ahorradores del país no vean reducidos sus depósitos bancarios. ¿En qué quedamos? ¿Es necesario ayudar a la banca con dinero público cuando ésta se hunde o no? Hemos necesitado que los chipriotas suden frío para aprender que debe ser así.
Segunda Lección: En todas partes cuecen habas. El mecanismo de funcionamiento de un banco es, en esencia, bastante sencillo. Su estabilidad y solidez, como si fuese una mesa, se asienta sobre dos pilares. A un lado, el pilar de los depósitos de sus clientes que le confían el dinero. Aunque aquí nace la primera disociación mental. Los clientes lo depositan para que el banco los ponga a buen recaudo y el banquero lo toma en sus manos para invertirlo. Esto es, para arriesgarlo. De ese mismo pilar forma parte el beneficio obtenido en el pasado por la entidad financiera y acumulado como recursos propios. Aquí nace la segunda disociación mental. Es técnicamente bueno que los bancos tengan grandes beneficios y guarden una parte importante de los mismos como reservas, mientras que, en términos generales, a los ciudadanos siempre les genera un visible sarpullido que la banca obtenga buenos resultados económicos. Líbrenos el destino de bancos, de empresas en general, con beneficios reducidos. El segundo pilar que sostiene la mesa de la solvencia es el activo, las inversiones realizadas con el dinero depositado por los inversores. En el caso de los bancos chipriotas el agujero fundamental se ha abierto por sus inversiones en deuda pública griega, que ha sufrido quitas importantes. En el caso de España, el agujero del activo se ha generado como consecuencia de la explosión del boom inmobiliario, el impago de muchos créditos hipotecarios o de empresas y la depreciación de los bienes inmobiliarios en manos de la banca, principalmente. Conclusión: unos desarrollaron el sector inmobiliario y otros se cebaron en la pirámide financiera, pero esto de extralimitarse en los riesgos no es patrimonio nacional de España.
Tercera Lección: La necesaria armonización fiscal. La crisis financiera ha demostrado que uno de los 'talones de aquiles' en la construcción del euro reside en la necesaria unificación de la supervisión bancaria y en una mayor coordinación de las políticas presupuestarias. El caso de Chipre pone en evidencia, además, que también es necesario afrontar la armonización fiscal en los países del euro. ¿Por qué el Eurogrupo se ha negado a afrontar en Chipre un rescate bancario de características similares al ejecutado en Irlanda o España? ¿Por qué han exigido, cosa que no hicieron con Irlanda o España, que los depositantes anotasen en una barra de hielo una parte de la cuantía de sus ahorros? No lo han expresado con claridad, pero todo el mundo supone que es una consecuencia de ese régimen de semiparaíso fiscal que existe en Chipre y que ha llevado a su sistema financiero a captar fondos de otros países, especialmente rusos. Así las cosas, intuyo, los responsables políticos europeos se han encontrado en la tesitura de salvar con dinero de los ciudadanos de la Europa del euro, los depósitos de inversores rusos. Estos dejaron su dinero en manos de entidades chipriotas al calor de una menor presión fiscal. De ahí la exigencia de que los depositantes sufran un impuesto especial destinado a sanear los bancos. ¿Estaríamos dispuestos a utilizar fondos españoles para salvar a la banca andorrana de una situación similar? Seguro que también exigiríamos un sacrificio de los evasores fiscales, traficantes de drogas y de armas que tienen su 'ahorros' depositados en los bancos del principado. ¿O no?
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