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Rajoy recibe a Urkullu en La Moncloa. / EFE
La negociación del Cupo vasco: igual que el Día de la Marmota
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La negociación del Cupo vasco: igual que el Día de la Marmota

Las administraciones central y vasca llevan algo más de cuatro años sin ponerse de acuerdo en la cantidad que Euskadi debe pagar al Estado

MANU ALVAREZ

Lunes, 11 de febrero 2013, 19:44

La pasada semana, cuando el lehendakari y el presidente del Gobierno central, Mariano Rajoy, se reunieron en La Moncloa en su primer encuentro institucional, Iñigo Urkullu, a la salida del encuentro, aseguró que se iba a convocar de forma inminente la Comisión Mixta del Concierto, para solventar los importantes temas pendientes entre ambas administraciones y que, fundamentalmente, se dividen en tres bloques: liquidar el Cupo del periodo 2008-2012, sobre el que existen serias discrepancias; concertar los denominados 'puntos de conexión' de los nuevos impuestos creados el pasado año -juego, loterías y generación eléctrica- y, por último, aprobar un texto para la nueva Ley Quinquenal de Cupo. La discrepancia sobre el Cupo no es pequeña. Donde unos ven 800 millones de euros más a pagar, otros ven, exactamente, 800 millones menos.

Cuando escuché la frase del lehendakari me retorcí en el asiento. La Comisión Mixta del Concierto jamás se convoca si, previamente, no se ha cocinado con todo detalle un acuerdo. Tan solo una vez en la historia se ha hecho lo contrario, reunirla sin pacto previo, y terminó como el rosario de la aurora. El entonces -y ahora- ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro y la vicelehendakari del Gobierno vasco, Idoia Zenarruzabeitia, terminaron enfadados y acusando al otro de todos los males sobrevenidos en la tierra desde la glaciación. Dudo que jamás vuelva a cometerse el mismo error. Así que, si la reunión iba a ser ahora inminente, solo cabían dos opciones: o yo me he perdido algún café con leche, que puede ser, o el lehendakari había resbalado con la semántica. Verificados los detalles, estamos en la segunda opción.

Lo que quiso decir el lehendakari -me aclara un alto cargo del Ejecutivo vasco- es que ambas partes se han comprometido para que la negociación se inicie de forme inminente. La Comisión Mixta se reunirá cuando el acuerdo esté listo. Claro que, en política, las cosas no son siempre lo que parecen y el concepto de inminencia es relativo. Aún está todo pendiente de que el ministro Cristóbal Montoro y el consejero Ricardo Gatzagaetxebarria mantengan una primera conversación que serviría, me apuntan, para dar por iniciada la negociación con varios grupos de trabajo, formados por técnicos de ambas administraciones.

Será la primera parte del Día de la Marmota, porque esta negociación, que yo recuerde, ya ha arrancado dos veces y fracasado otras tantas. La primera, bien avanzado 2010, cuando el Gobierno vasco presidido por Patxi López y el Ejecutivo central, al frente del cual estaba el también socialista José Luis Rodríguez Zapatero, intentaron liquidar el Cupo de los años 2008 y 2009. Imposible. No hay peor cuña que la de la misma madera. Las diferencias de criterio eran de tal magnitud que ambas partes se retiraron a sus cuarteles de invierno a ver pasar el tiempo. La segunda vez se produjo tras la llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa. El gabinete de Patxi López intentó de nuevo solucionar este tema. Agua y marcha atrás. Nadie garantiza que una cuña de madera distinta sea capaz de mover un tronco.

El problema de las liquidaciones del Cupo -cuánto debe pagar Euskadi al Estado por las competencias no transferidas- es que solo se puede cerrar una cifra cuando hay consenso pleno entre las dos partes. Y las leyes y los reglamentos no son cuestiones matemáticas, sino frases sometidas diferentes interpretaciones.

En este tercer arranque de la negociación sobre el Cupo habrá un segundo Día de la Marmota y se producirá cuando los segundos de a bordo de ambas administraciones se vean por primera vez las caras para iniciar esta negociación. Cielos, esta escena la he visto yo antes, pensarán todos ellos al mismo tiempo. Están en lo cierto. A ambos lados de la mesa se sentarán prácticamente las mismas personas que en el año 2003 se enfrentaron en una discusión similar sobre el Cupo de los ejercicios anteriores y no fueron capaces de llegar a acuerdos. Por el lado vasco, y pese a que han pasado diez años, repite el mismo equipo que entonces: el viceconsejero de Hacienda, Juan Miguel Bilbao y la directora de Cupo, Zuriñe Embid. La situación tiene sus ventajas. Ya saben la postura que defiende cada uno y también que, hasta ahora, no han sido capaces de llegar a acuerdos. Pese a lo que pueda parecer, es un avance.

Tengo para mí que los grandes desencuentros sobre el Cupo y sus aledaños y los también grandes acuerdos que se han producido a lo largo de las tres últimas décadas sobre la misma materia -a un periodo de enfrentamiento siempre le ha seguido otro de armonía y entendimiento-, jamás se han resuelto por la vía de la negociación técnica. Salvo en lo que hace referencia a la concertación de impuestos -materia en la que el acuerdo es más sencillo-, las liquidaciones del Cupo siempre han requerido un pacto político y siempre, hasta donde alcanza mi memoria, se ha producido cuando el Gobierno central -unas veces del PP y otras del PSOE- necesitaba los votos del PNV para algo en el Congreso de los diputados. En un buen número de casos, esos votos servían para la investidura del presidente -como fue en la primera legislatura de José María Aznar- o en la aprobación de los presupuestos del Estado, tanto con Aznar como con Zapatero.

Repasar la historia permite hacer una proyección sobre el futuro. Así las cosas, y dado que el PP, al menos de momento, no necesita votos adicionales en el Congreso gracias a su mayoría absoluta, mucho me temo que de reunirse la Comisión Mixta del Concierto en las próximas semanas, únicamente será para abordar la concertación de los nuevos impuestos. El Cupo, salvo que alguien lo remedie, seguirá arrastrando las discrepancias hasta que alguien necesite los votos del contrario.

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