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SOLANGE VÁZQUEZ
Miércoles, 9 de enero 2013, 14:41
Hay que ver cómo el ser humano corre raudo, más bien se precipita, hacia el ridículo y, encima, sin una causa que lo jutifique minímamente. Vean si no al los dos chicos del vídeo. Van uno al encuentro del otro, con avidez de amantes separados durante mucho tiempo, con un balón hinchable. Se supone que así evitarán el choque brutal del final de su apasionada carrera, de modo que ambos cuerpos rebotarán para mayor diversión. Pues, en fin, el 'escudo' parece ser que les salió escurridizo y justo antes del impacto se les cae de las manos como si una fuerza oculta -o la justicia divina- quisiera que se diesen la gran torta. Y, efectivamente, se la dan. Impactan pecho contra pecho y salen despedidos -y no por el balón- cada uno por su lado debido al fuerte golpe. Al final el resultado es el mismo que perseguían, pero un pelín más doloroso.
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