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Suárez, Ventosa, Mateu, Fernández Mardomingo y Rico brindan con chacolí mirandés. :: AVELINO GÓMEZ
Miranda presenta su primera cosecha de 'Chacolí'
Producción pequeña pero muy simbólica

Miranda presenta su primera cosecha de 'Chacolí'

Término de Miranda pondrá en el mercado 15.000 botellas

C. ORTIZ

Miércoles, 21 de diciembre 2011, 11:35

Miranda presenta su primera cosecha de 'Chacolí', con 'Ch'. Al menos, de momento. Esas son las letras que la bodega Término de Miranda ha elegido para etiquetar la primera producción de chacolí que ayer presentó en sociedad -tras la declaración de intenciones del pasado año-, aunque su comercialización se hará como vino blanco y rosado. Ya han empezado a distribuir, por la ciudad y también en Burgos, parte de las 4.000 botellas listas y embaladas.

Poco a poco, el número irá creciendo hasta llegar a las 15.000 (unos 12.000 litros). Una producción pequeña pero muy simbólica ya que «inicia un camino empresarial y legal para recuperar definitivamente lo que durante muchos años fue nuestro: el chacolí», explicó Koldo Madariaga, uno de los responsables del proyecto.

Es ahí a donde quieren llegar. A poder llamar por su nombre al vino que ya producen, aunque tengan que esperar para ello 3 ó 4 años, el tiempo que creen les costará conseguir la Indicación Geográfica Protegida (IGP) que, además de ampararles jurídicamente, sirva para garantizar la calidad del producto.

Y es que ese es el verdadero objetivo. Poner de nuevo en el mercado una bebida tradicional y de calidad. Ya en la enciclopedia Espasa de 1917, al hablar de Miranda se hace mención a la existencia de «un chacolí inmejorable». Esa es su meta y quieren alcanzarla además con un producto que tenga personalidad, que llegado el momento de catarlo «se entienda como un vino distinto, con identidad propia y que trabaja por hacerse un hueco».

Pero para lograrlo la gente tiene que saber exactamente qué encierra una botella de Término de Miranda. No sirve solo con decir que es un vino blanco, porque no es así. «No se puede confundir al consumidor. Tenemos claro que, hoy por hoy, no podemos usar la palabra chacolí, pero el método que utilizamos, la uva que recogemos dan ese tipo de caldo y el que lo compra lo tiene que saber».

En esta idea incidió Baudilio Fernández Mardomingo, delegado de la Junta en Burgos y uno de los asistentes a la presentación social de este vino que «no podemos llamar chacolí todavía, aunque esté elaborado como el que se vendía en las tabernas hace 50 años». Un escollo burocrático que está convencido que se solucionará porque «estamos ante una realidad ilusionan y que puede suponer una forma nueva de aprovechamiento de la tierra».

Y aunque las denominaciones de origen son muy complicadas está seguro de que el chacolí burgalés la obtendrá. Para conseguirlo también contarán con el apoyo de la Diputación. Su presidente, César Rico, no dudó en asegurar, tras probar la cosecha 2011, que cualquier iniciativa que suponga un estímulo económico recibirá su respaldo. «No se trata de excluir a nadie, si no de hacer un producto de calidad y que se pueda comercializar. Nosotros lo que hacemos es apostar por un proyecto que significa riqueza para Castilla y León y Burgos».

Una buena acogida

Si gusta o no se empezará a saber a partir de ahora, con las primeras botellas ya en el mercado. De momento, están satisfechos con la puntuación que los expertos les han dado en las catas realizadas en los últimos días y los comentarios de las decenas de personas que ayer se dieron cita en su bodega. «Las sensaciones son buenas. No podemos estar más contentos con los resultados de las pruebas técnicas. Estamos muy orgullosos», insistió Madariaga.

Y es que tiene claro que «nos jugamos mucho, todo el mundo quiere probarlo y saber cuál es el resultado. Hay una demanda tremenda». Él no tiene dudas: es bueno; pero hay todavía un camino por recorrer para llegar a lo que ellos mismos le piden a su vino. «Necesitamos que la gente entienda que es un producto de calidad, pero que requerimos de varios años para encontrar lo que nosotros queremos».

No se trata de inventar nada nuevo, si no de restablecer, como reza en la contraetiqueta de la botella, «un valor patrimonial de esta tierra». Un principio que lo 'inunda' todo. Hasta el embalaje que protege las botellas. Una caja de cartón que aparece serigrafiada con frases de un documento de la UNESCO recordando la importancia del patrimonio intangible y la necesidad de protegerlo.

Pequeños detalles que dan forma al «principio de una vida» ligada al vino, en la que quieren avanzar sin polémicas políticas y territoriales. «El problema se ha sobredimensionado. No queremos conflictos, pero tenemos todo el derecho del mundo a recuperar nuestro patrimonio. Venimos a sumar, no a restar», zanjó.

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