

Secciones
Servicios
Destacamos
Edición
AINHOA DE LAS HERAS
Lunes, 19 de septiembre 2011, 13:21
Doce agentes de la Unidad de Intervención de la Ertzaintza, conocidos como berrocis por el pueblo alavés donde se ubica su base, se enfrentan a la expulsión del cuerpo o a un traslado a otro puesto debido a un expediente disciplinario que el jefe del grupo les abrió por vestir unos pantalones de camuflaje durante un operativo para la detención de unos peligrosos atracadores en Bilbao. El sindicato Euspel (Euskal Polizien Elkartasuna), que representa al 80% de los afectados, denuncia que se trata de una maniobra de la jefatura para «dinamitar» la unidad y crearla de nuevo, y asegura que los policías no llegaron a utilizar esta prenda el día de la operación, sino en jornadas previas. Recuerdan además que los expedientados recibieron una condecoración por su trabajo. El clima en la unidad se ha hecho irrespirable.
El jefe del grupo alega que tuvo que cambiar el operativo y sospecha que se trató de una protesta encubierta y concertada entre los protagonistas al haberles sido retirada la compensación económica que recibían para comprarse ropa de trabajo, algo que los agentes niegan de forma rotunda.
Para entender la historia, hay que remontarse unos años atrás. Con la llegada al Gobierno del PSE, y de Rodolfo Ares a la consejería de Interior, la Unidad de Protección e Intervención (UPI) de la Ertzaintza se dividió en dos y cambió de responsables: por un lado, los escoltas, y por otro, los de operativos especiales. Sin embargo, no se crearon normativas específicas para cada unidad. Los guardaespaldas siguieron cobrando los 900 euros anuales que el departamento les entrega para comprarse trajes para trabajar, y los de Intervención dejaron de recibirlo, ni siquiera la cantidad mínima que les dan a los agentes de paisano de Seguridad Ciudadana, lo que generó un gran malestar en el grupo. En opinión del sindicato Euspel, se trató de «un error de Recursos Humanos», ya que los agentes de Intervención participan en los dispositivos que se organizan con la visita del Rey, y han de vestir de traje, por lo que siguen reivindicando ese dinero.
En realidad, todos los policías que trabajan de incógnito, no solo en la Ertzaintza sino en otros cuerpos, reciben una cantidad, que varía en función de si se trata de un agente de calle o de protección de personalidades, para adquirir ropa.
Condecorados
El jefe de la Unidad relacionó este conflicto laboral con el hecho de que doce de los treinta agentes bajo sus órdenes se vistieran con pantalones de camuflaje en el campamento, en los días en que estaban en stand by a la espera de ser movilizados para la captura de un grupo de atracadores. Se trataba de una operación de gran relevancia, en la que colaboraban varios cuerpos policiales, como los Mossos dEscuadra, la Guardia Civil o el Cuerpo Nacional de Policía. Se acusaba a los delincuentes de 48 atracos a sucursales bancarias, entre ellos, uno en Cambrils, en el que murió de un tiro una cajera.
Cada día, el jefe de operaciones el responsable de la unidad estaba siguiendo un curso de comisario en la Academia de Arkaute les recordaba en los breafing matinales la orden de uniformidad número tres, que indica que los agentes han de vestir prendas discretas de color oscuro, negro o marrón, en casos como este. Euspel sostiene, sin embargo, que «no recibían una orden clara». Un día, el responsable les prohibió mediante una orden directa vestir el polémico pantalón militar.
«Lo habíamos llevado en otros operativos, incluso el jefe de operaciones que daba la orden se lo había puesto, y no había pasado nada», recalcan desde el sindicato. Aseguran que en estas operaciones los policías son trasladados en un furgón hasta el lugar donde se va a realizar la intervención: «se bajan y hacen las detenciones. Su misión no era hacer un seguimiento».
Según el jefe de la unidad, esta actitud de desobediencia de una orden obligó a «cambiar el operativo», que estuvo «en grave peligro». Las detenciones de Josu, Johny, Rober y Loren los alias de los cuatro atracadores que integraban la banda, se produjeron el día 29 de marzo en sus respectivos domicilios en Bilbao, Portugalete y Castro Urdiales (Cantabria). En las redadas en Bizkaia participaron los doce agentes mencionados, que no llevaban ya los pantalones de camuflaje, sino ropa oscura como les habían ordenado. El operativo fue un gran éxito; de hecho, al cabo de un tiempo, el propio jefe recogió una condecoración de los Mossos. Días después, decidió expedientar por una falta muy grave a grave a los doce policías que vistieron la polémica prenda.
«Son jóvenes, de 30 a 35 años, pero el que menos lleva diez años en la unidad, es gente preparada y muy profesional, que está ahí porque valen. Han participado en la detención de comandos y de bandas de delincuentes. Tienen familia, se les está haciendo mucho daño, hasta psicológicamente», lamenta Euspel. «Cada año han de superar unas pruebas físicas y un test psicotécnico, y esto les está afectando en su preparación», aseguran.
Los abogados del sindicato han recibido los «pliegos de cargo» contra ellos por parte de la Unidad Disciplinaria, y tienen diez días para presentar alegaciones. El procedimiento incluye otros pasos que pueden desencadenar o no en una sanción. Los doce agentes esperan poder mantener su puesto aunque la espada de Damocles pesa sobre sus cabezas. «¡Expulsados de la Ertzaintza por unos pantalones!», protestan.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Noticias recomendadas
Batalla campal en Rekalde antes del desalojo del gaztetxe
Silvia Cantera y David S. Olabarri
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.