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AITOR ALONSO
Jueves, 10 de marzo 2011, 20:14
Después de años, prácticamente una década de proyectos fallidos y debates políticos, Vitoria encara por fin la gran obra de un centro de artes, auditorio, congresos y exposiciones con el que quiere competir con Euskalduna y Kursaal, por un lado, y dotar a la ciudad de un renovado espacio artístico que permita atraer a la capital vasca eventos que ahora sólo recalan en las ciudades hermanas, como ópera o grandes conciertos de pop en recinto cerrado.
El proyecto, que ha susctitado cierta controversia en la ciudad hasta el punto de ser uno de los temas calientes de la próxima campaña electoral, se ha llamado BAI Center, acrónimo de Business and Arts International Center. Obra del arquitecto Mariano Bayón, su coste estimado es de 157 millones de euros, de los que la ciudad debe aportar el 80%, un elevado porcentaje que ha devuelto a la capital anteriores polémicas por la implicación del Gobierno vasco y el resto de las instituciones en los asuntos vitorianos. De momento, se han empezado a mover tierras en la parcela urbana donde se edificará, frente al Gobierno vasco, en Lakua. La posición de los partidos está dividida. El PSE, y su alcalde Patxi Lazcoz, lo apoya con entusiasmo y el PNV también lo apoya, aunque con cierta distancia. El PP está radicalmente en contra, porque entiende que una inversión tan desmesurada va a arruinar a la ciudad. Los grupos minoritarios tampoco lo respaldan, lo mismo que algunas asociaciones vecinales.
Vitoria necesita dotarse de una instalación así para progresar en el mapa de ciudades, defiende el Ayuntamiento socialista, que en parte envidia el arrojo con el que proyectos de este calado se afrontan en ciudades como Bilbao; y envidia también la estrecha colaboración económica que en el caso de la capital vizcaína se registra entre el Ayuntamiento, la Diputación y el Ejecutivo de Lakua, como ha ocurrido por ejemplo en el caso del nuevo San Mamés. Vitoria apenas ha conseguido apoyos financieros para sacar adelante su gran obra, lo que amenaza con lastrarla.
El complejo
El complejo de la plaza de Euskaltzaindia costará 157 millones de euros, sin contar el IVA. En el subsuelo se excava ya el aparcamiento, de unas 600 plazas, y en la superficie se levantarán cuatro volúmenes unidos por un gran nudo de atrios y vestíbulos.
El área expositiva acaparará buena parte de la inversión -88,7 millones- y contará con un aforo de 6.500 personas, todas sentadas. Si se utiliza la pista, por ejemplo en los conciertos, la capacidad aumentará hasta los 8.500 espectadores. Este recinto tendrá también bar, restaurantes, tienda, un club de música en vivo y una pantalla de vídeo gigante en su fachada.
El palacio de congresos, que sustituirá al que existe ahora en el Palacio Europa, costará 39,5 millones y en él podrán interactuar hasta 2.000 personas, la mitad de ellas en su sala principal y el resto en las diferentes dependencias.
La sala sinfónica, la más conocida por su diseño en forma de racimo -con asientos que rodean el escenario- podrá reunir a 1.550 espectadores y su coste alcanzará los 20,6 millones de euros. Además, este espacio tendrá espacios de producción audiovisual e incluso un plató de grabación. El Ayuntamiento quiere que la tan ansiada excelencia acústica de este auditorio se convierta en su enseña. Por eso contrató a la empresa Nagata Acoustics -con sede en Los Ángeles y liderada por el ingeniero japonés Yasuhisa Toyota- para medir cada aspecto sonoro.
El último volumen de la infraestructura estará ocupado por la sala de cámara o "de vanguardia", en la que entrarán 520 personas y que supondrá una inversión de 8,2 millones de euros.
Dentro de este gigante cultural de cuatro escenarios habrá todo tipo de actividades. El que ha sido nombrado ya director del complejo, José Ramón Villar (un vitoriano que ha ejercido durante años como abogado de éxito en Nueva York) dijo que está realizando un «intenso trabajo» para que el complejo esté lleno de vida. Subraya que ahora, con las obras empezadas, ha llegado el momento de negociar ya contenidos concretos. A modo de ejemplo, recalca, el equipamiento podrá acoger desde un concierto de rock o de jazz, a una exhibición del Circo del Sol, así como ópera o una "cena-cabaret". Villar hizo especial hincapié en el «nicho» de los "unplugged". «Hay artistas consagrados que ya no buscan espacios masivos, sino íntimos y sin sonido amplificado», defiende.
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