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OLATZ BARRIUSO
Martes, 8 de febrero 2011, 08:15
Al PNV no le caben dudas de la trascendencia de la apuesta que oficializó ayer la izquierda abertzale en el Palacio Euskalduna de Bilbao y da por satisfechas las demandas que siempre ha trasladado a Batasuna para que cortase sus amarras con ETA y diera pasos efectivos para integrarse con todas las consecuencias en el sistema democrático. La declaración que hizo pública en la tarde de ayer el Euzkadi buru batzar demuestra que el partido de Iñigo Urkullu ha dejado atrás su escepticismo respecto a los movimientos de la formación ilegalizada -a la que, desde que ETA anunció un primer cese de las acciones ofensivas el 5 de septiembre, ha venido exigiendo pasos contundentes- y celebra ahora sin medias tintas lo que considera «un evidente punto de inflexión» respecto a las posiciones «políticas y organizativas» que históricamente ha mantenido ese sector. En definitiva, los jeltzales están convencidos de que el nuevo partido y los «principios y bases que lo animan» suponen «una ruptura con el pasado de la izquierda abertzale».
El EBB, reunido ayer como cada lunes, dedicó buena parte del orden del día a hacer un análisis «detenido» de la documentación en que sustentaron sus intervenciones Rufi Etxeberria y el abogado Iñigo Iruin, a la espera de conocer el texto completo de los estatutos de la formación que sus promotores inscribirán mañana en el registro del ministerio de Interior. La conclusión es clara. Para el PNV, según las fuentes consultadas, la izquierda abertzale ha entonado un 'hasta aquí hemos llegado' que viene a llenar los vacíos que el último comunicado de ETA -el alto el fuego «permanente, general y verificable» del pasado 10 de enero- había dejado. Los jeltzales reconocen que la respuesta a sus exigencias y a las del conjunto de la sociedad ha llegado «tarde», pero ha llegado. «Hemos perdido muchos años para llegar a este día pero nos felicitamos por ello», constata la nota del EBB, que proclama, en consecuencia, «la apertura de un nuevo tiempo de esperanza» para Euskadi.
Urkullu y sus colaboradores más cercanos están convencidos de que, en el terreno de las palabras, la izquierda abertzale ha ido todo lo lejos que resultaba exigible y que es difícil pedirles más. Creen que la formulación jurídica resulta impecable y que además marca un punto de no retorno para quienes la suscriben. El comunicado de la ejecutiva peneuvista se esfuerza, de hecho, en detallar los aspectos de la iniciativa que considera especialmente relevantes. Por supuesto, el rechazo a la violencia de ETA. Pero también concede un valor «indudable e innegable» a la reivindicación que el nuevo partido hace de su autonomía política. El PNV asimismo «reconoce en particular» la voluntad expresada por la izquierda abertzale de contribuir a la desaparición de la violencia, a la reconciliación de la sociedad y al reconocimiento y reparación de las víctimas. Los jeltzales creen que por fin se han armado del «coraje» que siempre les han reclamado para consolidar su «cambio de posición». Por eso, se muestran dispuestos a abrir un diálogo con ellos para «definir las medidas tendentes a la consecución de dichos objetivos».
La segunda parte del mensaje jeltzale fue una clara advertencia al Gobierno, cuya intención de dejar en manos de la 'sala del 61' del Supremo la decisión final -aunque el Constitucional tendría la última palabra si hay recurso- preocupa seriamente al PNV, por dos razones: por la capacidad que demuestre Batasuna para aguantar el 'tirón' y porque creen que no favorece al logro de la paz. Los jeltzales, que mantienen con Alfredo Pérez Rubalcaba una reconocida sintonía en materia antiterrorista, reclaman ahora al Ejecutivo «altura de miras» para no obstaculizar la inscripción del nuevo partido y para «no ceder a la presión de quienes, por motivos espurios, se oponen, confesada o inconfesadamente» a la legalización.
Los jeltzales exigen al Ejecutivo que «aproveche» el tiempo «ofrecido por el PNV», en referencia al acuerdo presupuestario que cerró con José Luis Rodríguez Zapatero y que garantizó su continuidad hasta el final de la legislatura. El PNV reclama ahora los frutos de aquel pacto, sobre todo porque está convencido de que la izquierda abertzale estará en las urnas de cualquier modo si es ilegalizada, sea a través de plataformas o de las listas de otros partidos. Por eso reclama al Ejecutivo que permita que lo haga con su propia sigla.
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