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JUAN BAS
Miércoles, 13 de enero 2010, 04:05
No tengo nada en contra del libro electrónico como soporte en sí, todo lo contrario. Cualquier medio que respete la integridad de la obra literaria y sirva para incrementar su difusión me parece bueno. Imagino que durante bastantes años el libro electrónico convivirá con el de papel, hasta que progresivamente se irá imponiendo el primero y quedará el segundo para obras muy específicas y ediciones especiales. Supongo que, a la larga, el libro de papel se convertirá en un objeto de cierto lujo.
El problema no es el soporte, sino cómo se carga: gratis o no. En un atinado artículo, Javier Marías decía que la gente en general y las nuevas generaciones en particular creen y les parece lo normal que los productos culturales, las obras de los autores contemporáneos, sean de adquisición y disfrute gratuito. Si por versatilidades de los programas informáticos puedo obtenerlo gratis de Internet, es lo mismo que si fuera gratis; y además, esta facilidad parece que justifica y exculpa la piratería; robar tan fácilmente no puede ser robar.
El miedo que tenemos los escritores ante el libro electrónico es que los títulos a descargar se pirateen con la misma facilidad que la música y las películas y nadie nos pague nuestro ya de por sí magro porcentaje. Si esto es así, y como también decía Javier Marías, es muy posible que los escritores profesionales dejemos de escribir y publicar porque tendremos que ganarnos la vida de otro modo. Me han resultado de una desfachatez alarmante las pegas y campañas contra las medidas gubernamentales para atajar la piratería cultural en Internet. Que los piratas se escuden en la libertad de expresión resulta insultante por partida doble. He leído por ahí que temen que, tras cerrar páginas 'web' que facilitan las descargas ilegales, este poder censor encubierto se utilice para cerrar 'blogs'. Es como decir que la penalización del contrabando de licores conlleva una ley seca encubierta. Tan descarado e hipócrita como patético.
En EE UU no se andan con chorradas. Al que lo pillan pirateando lo dejan sin conexión a Internet. Sería deseable que el Gobierno español mantuviera una postura y unas iniciativas eficaces, y no los paños calientes actuales intentando contentar a todos. Ya está bien de miedos a coger el toro por los huevos -como dice mi amigo Montano-, al igual que sucede con cortar las subvenciones a la Iglesia católica y el tema pendiente de la eutanasia. Con el libro electrónico pasará como con el carrito del periódico cuando el vendedor se iba a mear y dejaba un platito para las monedas, invitando al autoservicio. Los ciudadanos se dividirán entre los que dejan las monedas y se llevan el periódico y los que se llevan el periódico. Habrá un tercer grupo, por fortuna mucho menor, que se llevará el carrito, el platito, quemará los periódicos y si se encuentra con el vendedor le dará una paliza.
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