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El amigo de 'Rayuela'
EDUARDO MADINA SECRETARIO GRAL. DEL PSOE EN EL CONGRESO

El amigo de 'Rayuela'

Enamorado de la novela de Cortázar, Madina es visto por los suyos como un tipo con duende, apasionado por la vida y el arte

JOSÉ MARI REVIRIEGO

Domingo, 19 de abril 2009, 12:17

Eduardo Madina y Eider Gardeazabal soñaban despiertos en Estrasburgo hace diez años. «Qué bien estaría trabajar en el Parlamento europeo, ¿no?», se decían de paseo por la orilla del Rhin durante unas vacaciones. No ha sido un cuento. Antes de convertirse en el 'número dos' del PSOE en el Congreso, cargo en el que fue ratificado ayer mismo por su partido, Madina trabajó como asistente del grupo socialista en Bruselas. Fue a raíz del atentado. Gardeazabal, concejala bilbaína, saltará ahora del Ayuntamiento a las listas de las elecciones europeas. Ella forma parte del círculo de amigos que mejor conoce en lo personal y en lo político a Edu (Bilbao, 1976), sustituto de Ramón Jáuregui en la Cámara baja de Madrid y enamorado de 'Rayuela'.

En este cruce de historias que tejen su vida, Eduardo Madina tiene su libro de cabecera en esa legendaria novela de Julio Cortázar en la que se mezclan el amor, la muerte, los celos y el arte. Se la recomienda, cuando no regala, a sus amigos. Incluso, les aconseja capítulos según para qué momento: una conversación, un suspiro, un beso. Dicen los suyos que Madina «devora libros»; hasta seis ha tenido abiertos a la vez en alguna ocasión.

El chico de 'Rayuela' tiene su quinta. Además de Eider Gardeazabal, este relato sobre el perfil más íntimo del nuevo responsable del grupo socialista en el Congreso está trenzado por los recuerdos, emociones y pasiones confesadas por el parlamentario vasco Óscar Rodríguez, su compañera de bancada Natalia Rojo, el alcalde de Portugalete, Mikel Torres, y la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín. Aunque sus carreras hayan tomado rumbos distintos, siempre han corrido cerca de la de Edu. Sus vidas son también la suya.

Crecieron en la cuna de las Juventudes Socialistas de Euskadi en los tiempos en los que se hizo célebre el lema 'a discrepar por el día y a quererse por la noche'. Es lo que Óscar Rodríguez llama «socialismo afectivo». Y eso que él mantuvo serios tiras y aflojas con Madina siendo veinteañeros, antes de que éste asumiera el liderazgo de la organización juvenil -cosa que ocurrió a finales de 2002-. «Estuvimos a leches, con discusiones muy duras. Se dice que la discrepancia es sana, pero es dramática», recuerda Óscar.

Madina, bilbaíno del barrio de Arangoiti, estaba en el sector partidario de Patxi López cuando éste aún no era el secretario general. Rodríguez, más vehemente, en el de Carlos Totorika. Incluso Edu se las tuvo con Nicolás Redondo Terreros. Corría el año 2000, vísperas de la sintonía electoral con el PP, y redactó una ponencia que apostaba por la trasversalidad, mirando al nacionalismo. Bronca. «Es pausado, equilibrista en la búsqueda de apoyos. Su capacidad dialéctica es brutal. A veces canta en lugar de hablar. Es que habla muy bonito».

Premonición

Como Horacio, protagonista de 'Rayuela', Eduardo domina un sinfín de temas. Sus colegas sostienen que algunas de esas ideas de su juventud fueron premonitorias. Por ejemplo, la apuesta por el diálogo con 'diferentes' y el trilingüismo en la educación, hoy convertidas en la posición oficial. Licenciado en Historia Contemporánea y master en Relaciones Internacionales, Madina, a sus 33 años, será ahora el encargado de negociar apoyos entre los grupos de la oposición para asegurar la estabilidad al Gobierno de Zapatero, en un intento por compensar la pérdida del PNV como socio parlamentario por el pacto PSE-PP en Euskadi.

Y llega el 19 de febrero de 2002. Es la fecha del atentado -una bomba lapa colocada por ETA en su 'Seat Ibiza' le amputó la pierna izquierda, a la altura de la rodilla-. A Eduardo Madina -1,90 metros de estatura, jugador de voleibol- no le gusta recordarlo por motivos obvios, pero tampoco ha querido encasillarse como víctima. Con un compromiso firme contra el terrorismo y a favor de la pluralidad, desveló su sufrimiento en el juicio contra los acusados del intento de asesinato, celebrado cuatro años después: «En mi casa se hizo de noche y una sombra de pena y de tristeza envolvió a mi familia». Tras la sentencia condenatoria, pasó página con «la sensación de justicia cumplida y puerta cerrada».

Convaleciente en el hospital, el PSE se debatía entre Totorika, Gemma Zabaleta y López para la jefatura. El partido se desangraba con él. Dado de alta, tuvo que renunciar al deporte, «parte central» de su vida, pero mantuvo otras aficiones. En el verano de ese fatídico 2002, apostó por seguir ejerciendo de monitor de campamento en el seno de Alevines Vascos, un grupo de tiempo libre vinculado al PSE. Le tocaba el pueblo de San Martín de Castañar, en Salamanca. No les falló.

Lo recuerda Natalia Rojo, que también estaba allí. «Su grupo, formado por chavales de 15 a 17 años, nos preguntaba a diario por él, qué tal estaba y cómo iba la recuperación. Le echaban de menos. Y les dio una sorpresa. Sin avisar a los chavales, preparamos una excursión a Salamanca en la que, de repente, apareció Eduardo junto a Mikel Torres. Aquel encuentro fue una pasada. Le querían mucho. Hasta le hicieron pregonero de las fiestas del pueblo de Santa Marta».

Ese reencuentro, celebrado en la explanada de la Catedral Vieja, está en la retina de Mikel Torres. Viajaron juntos en coche, recién colocada la prótesis en la rodilla de Eduardo. «Esto lo tengo que superar Mikel». Y se bajó sin muletas. El hoy alcalde de Portugalete, seis años mayor que Eduardo, trabó amistad con él en uno de esos campamentos de juventud. Luego compartieron catorce más. Le conoció en Elizondo, cuando Edu era un retaco de apenas 8 años, pues fue su monitor. De un carácter introvertido, se convirtió en la adolescencia en un tipo chistoso, con capacidad de liderazgo y duende hacia quienes le rodeaban. Nunca muchos, pero sí escogidos. Hablaban de la Universidad, el trabajo, los problemas de los jóvenes, el modelo de sociedad y, cómo no, de política.

Eduardo agradece ahora a Mikel que le inculcara «el bichillo» de la política. Durante los fines de semana de todo un año, realizaron un cursillo de monitor en el Seminario de Derio. Seguían hablando de política, del paro -el padre de Eduardo es militante de la UGT-... Y de chicas. Sus amigos destacan que ejerce un «encanto especial» entre las mujeres. Cuando «él salía al campo, los demás, al banquillo», bromean sobre su pasado ligón. «Tiene algo especial que gusta mucho a las mujeres. Cómo habla, la sonrisa, es dicharachero. Siempre le he conocido con pareja», confiesa Mikel Torres.

Duelo por su madre

Tras el atentado, el duelo. Su madre murió diez meses después de un infarto que Madina atribuye al sufrimiento vivido. Estaba muy unido a ella. «Estuvimos a su lado, pero si salió adelante es porque él puso todo de su parte». En un intento por curar las heridas, abrió distancia y se fue a trabajar de asistente al Parlamento europeo en su sede de Bruselas de la mano de Rosa Díez, que encabezaba el grupo socialista. «Se portó muy bien con él». Buscó refugio en la música, buscó evasión. En compañía de Eider Gardeazabal, asistió a un festival inolvidable cerca de Bruselas donde tocaron Radiohead, Björk y Underworld. «Nos lo pasamos genial. Le vino muy bien salir al extranjero porque aquello cambió toda su percepción». Luego llegaron más conciertos; el Summercase de Madrid, Benicassim...

Bruselas fue un viaje iniciático. Se independizó, vivió en un apartamento que adoraba y conoció a quien hoy es su pareja, Paloma, una sevillana empleada de asesora del PSOE. Se casaron años más tarde en un barco sobre el Guadalquivir en una fiesta en la que pinchó música Patxi López, «DJ crack» le llama, y Banin, teclados y guitarra en Los Planetas, uno de sus grupos favoritos. La música es otra de sus pasiones, aunque será difícil que sintonice una radiofórmula. Cuando salía de marcha con Eider solía acudir a un garito de Bilbao la Vieja, donde escuchaban casi como una obsesión «una canción especial»: 'Lonely Soul', de Unkle. «Música, melancólico alimento para los que vivimos de amor», escribe Cortázar en 'Rayuela'.

No descuidó a los suyos desde Europa. El «bache» que vivía su relación personal y política con Óscar Rodríguez quedó cerrado un 22 de febrero de 2003. Cogió un avión y se fue a Vitoria para acudir al aniversario del asesinato de Fernando Buesa. Solía improvisar, aunque Óscar le aconsejaba llevar todo por escrito. Y lo hizo. «Todavía estábamos enfadados. En unas cuartillas mal cortadas y escritas en el avión, me citaba en su discurso con términos como 'a que sí, amigo Óscar.' Me estaba pidiendo que nos encontráramos». Y así fue. Ahora ríen al repasarlo.

En 2004 dio el salto a Madrid. A propuesta de Zapatero, Leire Pajín le comunicó la idea de formar parte de las listas al Congreso. Aceptó, «tras una conversación política y otra entre amigos», y salió elegido diputado. Pero su vida experimentó un fuerte cambio. Leire, entonces diputada, le ayudó a buscar piso en alquiler en la zona madrileña de la Glorieta de Bilbao, entre Chamberí y Malasaña, en su regreso a España. Edu tuvo que habituarse a vivir con escolta y moverse bajo el foco público, aunque sin renunciar a sus potes por La Latina, las cenas en casas de amigos, el cine con Leire y una intensa vida cultural en la que ha hecho migas con Álvaro de Luna o David Trueba. Aprendió a cocinar. Las alubias, su plato estrella, según Pajín.

De la quinta de 'Rayuela', ambos han llevado las carreras más paralelas. Cuando ella asumió la secretaría de Estado de Cooperación, él fue portavoz del departamento. Ahora que Leire se ha hecho con las riendas del partido, como secretaria de Organización, él se convertirá en el secretario general del grupo parlamentario socialista en el Congreso. 'Defender la alegría' fue el lema con el que accedió a la dirección de las Juventudes del PSE, casualmente, el mismo del PSOE en las últimas generales.

A sus amigos les regala 'Rayuela', un tostón para algunos, difícil de leer para otros, mágicas historias cruzadas para todos. Les recomienda el capítulo siete. El beso: «Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua».

Eduardo Madina está a punto de ser padre por vez primera, si no lo ha sido ya. Será niño. Su mujer sale hoy de cuentas, el mismo día que Natalia Rojo.

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