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I. D.
Domingo, 3 de febrero 2008, 03:31
Yugoslavia fue un país que decidió suicidarse en los años noventa y, quién lo iba a decir, después de una década de guerras, muchos de sus antiguos hijos vuelven ahora, desde seis países distintos, a visitar la tumba de Tito. Nada menos que 150.000 visitantes al año, según cuenta orgulloso el conserje del mausoleo. Total, 18 millones desde que murió en 1980. Es un fenómeno creciente desde hace cinco años. Llegan en autobuses, en 'tours' organizados, aunque ayer no había nadie.
El hombre que dirigió Yugoslavia durante cuatro décadas descansa en la colina de Dedinje, al lado del estadio del Estrella Roja. Se llega recorriendo la avenida en la que aún sigue igual, como quedó tras los bombardeos de 1999, el cuartel del Ejército. En la central de Policía, más adelante, también derruida por la OTAN hay andamios. Con publicidad de Coca-Cola.
En el mostrador de entrada al museo hay cedés con música de la época -himnos, marchas y cosas así-, pins, llaveros con el rostro del mariscal. Un rostro amable. Josip Broz se distanció de Stalin, hizo un país con un modelo soviético particular, con una libertad aparente, congeló los odios internos, y engrosó las filas de los países no alineados. Los famosos se codeaban con él con toda normalidad, Para demostrarlo, nada mejor que el libro de cocina que se vende en el museo.
'Las recetas de Tito'
'Las recetas de Tito' está muy bien editado y encuadernado, con fotos en color de los platos y en blanco y negro de las ocasiones históricas en que se degustaron. Son los menús que comió Tito en ocasiones señaladas. Por ejemplo, con Kennedy, la segunda vez, 1963, champiñones con foie. Gina Lollobrigida, hotel Istra de Belgrado, 1972, sopa de pescado. Liz Taylor y Richard Burton, en el veraniego Dubrovnik, 1971. Sofía Loren, muy bronceada, 1974. Con Castro en La Habana, cóctel Hemingway, 1979. Hasta Josephine Baker, con gorro ruso. Y comilonas con Sadam Hussein, Giscard, la reina de Inglaterra, el Sha,...
Vigilaban permanentemente la tumba cuatro soldados. En mayo de 1992 se fueron y no volvieron. Fue el primer síntoma de que aquello se acababa. El museo dedica una sala al relevo nacional, en plan antorcha olímpica, que recorría Yugoslavia cada año como símbolo de hermandad. La Estafeta duró de 1945 a 1987. Están todos los bastones, cada uno de un estilo. El último, de vidrio y plástico, parece la espada de Luke Skywalker. El libro de visitas está lleno de firmas de Eslovenia, Croacia, Bosnia,...: «Cómo te echamos de menos», «Desde que te fuiste todo ha ido peor».
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