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El esqueleto. El fósil del león de Arrikrutz se expone hasta noviembre en Burgos. Asier Gómez Olivencia
El león del Cantábrico sale de las cavernas

El león del Cantábrico sale de las cavernas

El fósil se expone en Burgos; medía más de un metro de altura y pesaba 250 kilos

Miércoles, 28 de marzo 2018, 00:40

Un león entró hace miles de años en la cueva de Arrikrutz, en Oñati, y nunca volvió a ver la luz. Mucho tiempo después, en otoño de 1966, Iñaki Zubeldia, un estudiante del seminario de Arantzazu, y un amigo se perdieron en la misma gruta. Llegaron a creer que iban a morir allí, pero dieron con ellos después de más de doce horas. Antes de extraviarse en la cavidad, cuando escarbaban para acceder a una galería bloqueada por estalactitas, habían encontrado un esqueleto de lo que pensaban que era un oso de las cavernas. Después supieron que en realidad se trataba de un león prehistórico, un ejemplar cuyos restos se exponen ahora por primera vez en el Museo de la Evolución Humana (MEH) de Burgos.

«El fósil de Arrikrutz es excepcional. Es el león de las cavernas más completo de la Península Ibérica», afirma el paleontólogo Asier Gómez Olivencia, investigador de Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y comisario de la muestra ‘Leones en la nieve’. El esqueleto de Oñati, estudiado en su día por Jesús Altuna, es la pieza central de una exposición sobre la fascinación de los humanos prehistóricos por los leones que puede verse en el MEH hasta noviembre. Acompañan al león de Arrikrutz réplicas de obras de arte excepcionales, como el hombre león de la cueva de Hohlenstein-Stadel (Alemania), y fósiles también extraordinarios de otros carnívoros contemporáneos, como el cráneo de oso de las cavernas de Askondo, cedido por el Museo de Arqueología de Bizkaia.

Presa de caza

Los restos más antiguos de leones en Europa datan de hace unos 700.000 años y los más recientes, de hace unos 12.000. La causa de su extinción se desconoce, pero pudo ser una combinación del cambio climático ocurrido tras la última glaciación y la acción del ser humano, el otro gran cazador con el que competía. Huesos de leones con marcas de corte desenterrados en Atapuerca, fechados hace unos 350.000 años, y otros de hace unos 14.800 descubiertos en la cueva cántabra de La Garma, en Ribamontán al Monte, demuestran que tanto los preneandertales como nuestros antepasados directos -los cromañones u ‘Homo sapiens’- cazaban a estos grandes felinos.

Durante el Pleistoceno Superior, entre hace 125.000 y 12.000 años, había en el mundo tres subespecies de leones: los actuales (‘Panthera leo’), el americano (‘Panthera atrox’) y el león de las cavernas (‘Panthera spelaea’). El fósil de Oñati corresponde a la última especie, llamada así no porque vivieran en las cuevas, sino porque la mayoría de sus restos se han encontrado en ellas. Los leones de las cavernas eran más grandes que sus parientes actuales. «El de Arrikrutz medía entre 1 y 1,2 metros de alto hasta la cruz y pesaría unos 250 kilos, cuando un africano grande ronda los 200. En otra galería de la cueva de Oñati, se descubrió un fémur aislado de otro individuo -que también forma parte de la exposición- que pesaría unos 330 kilos», destaca el experto Gómez Olivencia.

«Llevamos 40.000 años maravillados por los leones»

«Todo lo que tiene que ver con los leones nos fascina. Llevamos al menos 40.000 años maravillados por estos grandes felinos», afirma Asier Gómez Olivencia, comisario de la muestra del Museo de la Evolución Humana. Nuestros antepasados plasmaron su admiración por los leones, los otros grandes cazadores sociales de la Eurasia del Pleistoceno Superior, en obras como las pinturas de la cueva de Chauvet y el hombre león de la gruta de Holstein Stadel (Alemania), una figurilla de marfil de 31 centímetros de altura que es la estrella de la exposición ‘Viviendo con los dioses’ que acoge hasta el 8 de abril el Museo Británico. En Burgos, puede verse una réplica de esa pieza y otra de una figurilla también extraordinaria y también desenterrada en una cavidad alemana, el león de marfil de mamut de Vogelherd.

Cazadores sociales como el gran felino, los humanos hemos hecho del león un «símbolo de la fuerza y del poder. Nos sentimos reflejados en él», apunta el investigador de Ikerbasque. El fósil de Arrikrutz, la estrella de la muestra burgalesa, le parece una pieza extraordinaria no solo por su estado de conservación. «Es un animal mayor que ha vivido mucho. Haberle dado vida, haberle dignificado, es algo impresionante. Los paleontólogos solemos decir que estudiamos no animales que murieron hace mucho tiempo, sino que vivieron hace mucho tiempo». La población de leones se ha reducido más de un 30% desde 1993, lamenta el paleontólogo de la Universidad del País Vasco. «Los romanos no iban hasta Kenia a cazarlos para el circo; los podían capturar en Marruecos y Argelia». Por desgracia, hoy solo quedan leones en el África subsahariana y en una reserva india, cuando no hace tanto tiempo vivían en el norte de África, Mesopotamia y Grecia, como reflejan algunas piezas expuestas en el Museo Británico.

Además de más robustos, «aquellos leones no tenían melena o la tenían muy reducida. Lo sabemos por pinturas como las de la cueva francesa de Chauvet y grabados como los de Armintxe, en Lekeitio. En uno de los leones de la cueva Armintxe, se distinguen hasta las garras y el pompón del final de la cola». Aunque con periodos cálidos, la Europa en la que vivió el león de las cavernas era bastante más fría que la actual. En el Cantábrico, «la línea de costa estaba situada a entre 5 y 10 kilómetros mar adentro respecto a la actual» y «el paisaje era más abierto, con bosques solo en el fondo de los valles y menos cerrados que los actuales». En lo que hoy es Euskadi aquellos felinos cazaban ciervos, bisontes y uros, mientras que en el resto de la Península añadían a su dieta el caballo y más al norte de Europa, el reno y el rinoceronte lanudo.

Gran depredador. Recreación de un león de las cavernas que forma parte de la exposición del MEH. Asier Gómez Olivencia

«No sabemos exactamente cuándo vivió el león de Arrikrutz, pero seguramente tiene menos de 125.000 años», afirma Gómez Olivencia. Un equipo formado por él, Juan Luis Arsuaga, director científico del MEH, y Love Dalén, del Museo Sueco de Historia Natural, va a datarlo e intentar extraer ADN del fósil, normalmente alejado de los ojos del público en el Centro de Patrimonio Cultural Mueble Gordailua, dependiente de la Diputación de Gipuzkoa. El enigma que igual nunca se resuelve es por qué murió donde murió, tendido sobre el lado derecho del cuerpo. Si, por ejemplo, se perdió en la cavidad de Oñati, como los humanos que descubrieron sus restos miles de años después, pero con peor suerte. Lo que sí se sabe, gracias a tres costillas que se estaban soldando cuando falleció, es que poco antes había sufrido un serio accidente de caza. «Quizás recibió una coz de una presa».

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