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«¿Cómo iba a conducir un autobús con 72 personas sin visión en un ojo?»

«¿Cómo iba a conducir un autobús con 72 personas sin visión en un ojo?»

Condenan a un oftalmólogo a pagar 215.600 euros a un chófer de autobús interurbano donostiarra al que dejó parcialmente ciego tras operarle

Ainhoa De las Heras

Domingo, 8 de abril 2018, 00:46

«Para mí lo más duro ha sido perder el trabajo con 50 años. Tengo dos hijos de 10 y 16 años estudiando y el que llevaba el sueldo a casa era yo, mi mujer estaba en el paro». J.I.A. era conductor de autobús de línea interurbano en San Sebastián. Había sido miope, pero se sometió a una operación para corregir este desorden visual y acudía anualmente a revisión.

Hace cinco años visitó una clínica privada en la capital donostiarra, donde le detectaron un problema en la córnea y le derivaron a un especialista del mismo equipo de oftalmólogos. El doctor le apreció un desprendimiento de retina y le dijo que «había que operar», explica el hombre, que en la actualidad ha obtenido la incapacidad absoluta tras caer en una depresión profunda para la que aún recibe tratamiento psicológico y psiquiátrico.

«Veía como cosas flotando dentro del ojo», explica. La intervención, realizada el 20 de noviembre de 2013, salió supuestamente bien, pero «yo notaba que algo pasaba, no me encontraba bien». Según explica el afectado, al cabo de un mes y medio de la operación acudió a consulta y el médico le dijo que debería haber «estado tumbado boca abajo en la cama durante quince días», una advertencia que no le había hecho hasta ese momento. «Ahí empezaron a torcerse las cosas. Yo estaba nervioso, veía que no me estaba poniendo bien, que así no podría conducir y el médico me llegó a decir que no fuera tan pelma».

«Trascendencia vital»

Según la sentencia del juzgado de Primera Instancia número 8 de Donostia, que ha condenado al médico por «ocultar información» al paciente de los riesgos de la operación y por mala praxis, el facultativo prescribió un tratamiento con corticoides inadecuado cuando surge tensión ocular alta como era el caso, lo que le provocó un glaucoma y la pérdida del campo de visión en el ojo izquierdo de forma irreversible. La otra parte alegaba que «el paciente fue el único responsable de los daños al no seguir las prescripciones médicas». El juez, que se basa en la pericial aportada por la parte demandante, representada por el abogado bilbaíno Carlos Gómez Menchaca, condena a la compañía aseguradora del profesional a indemnizar a J.I.A. con 215.600 euros por los daños físicos, morales y laborales, y teniendo en cuenta la «trascendencia vital del paciente».

Como el médico que le operó se encontraba ausente, fue examinado por otro profesional que le indicó que dejara de echarse gotas en los ojos «y la tensión desapareció automáticamente», aunque la lesión ya se había producido. Había transcurrido un año y medio de la intervención cuando se empezó a sospechar de un glaucoma. «¡Cómo voy a llevar un autobús con 72 personas si de un ojo no veo!», se lamentaba el hombre, que cayó en una profunda depresión e intentó suicidarse. «Este médico jugó con la vida de una persona y eso a mí me machacó», confiesa el afectado, que aún intenta adaptarse a su nueva vida.

Según la sentencia, en estos casos, «la información tiene que ser mucho más completa, se deben explicar con minuciosidad, precisión y exactitud todas las consecuencias previsibles de la intervención y no en cinco minutos, como afirmó (el doctor condenado)». También rechaza la validez de «los documentos estándar que no tengan en cuenta las circunstancias personales del paciente en cuestión».

En opinión del juez, en este caso se constata la «falta de seguimiento» y un «abandono total del equipo médico». Para establecer el importe, el magistrado recurre a la pericial de parte y valora en 48.000 euros las secuelas por la pérdida de visión, en 100.000 el perjuicio moral grave, en 31.000 los rendimientos salariales dejados de percibir y en 13.200 los días de recuperación y el lucro cesante. La sentencia puede ser recurrida a la Audiencia guipuzcoana.

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