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óscar b. de otálora
Viernes, 20 de abril 2018, 10:37
El comunicado de ETA en el que reconoce el «daño causado» incluye una nota «explicativa sobre el daño causado» en el que la banda alude a uno de los temas más sensibles que tiene sobre su futuro: los más de 300 crímenes sin resolver. El escrito incluye una referencia a la historia de ETA en el que la banda asegura que la organización «ha reivindicado todas las acciones» que ha cometido y que su militancia ha asumido «una responsabilidad colectiva».
La afirmación de la banda es falsa, ya que existen varios atentados que pese haber constancia de que fue ETA la banda que los perpetró jamás los ha querido reconocer. Uno de ellos, el más antiguo, es el que el 13 de septiembre de 1974 acabó con la vida de trece personas en la cafetería Rolando de Madrid. La banda creyó que era un local al que solían acudir policías y decidió colocar una potente bomba en su interior. La explosión asesinó a civiles. Los propios colaboradores de la banda en Madrid dieron datos del atentado pero la banda nunca aceptó introducirlo en sus listados.
Otros de los atentados que ETA cometió pero jamás ha aceptado incluir en sus comunicados es el que costó la vida a tres jóvenes gallegos José Humberto Fouz, Jorge Juan García y Fernando Quiroga, que habían acudido, en 1973, a ver la película 'El último tango en París' a San Juan de Luz. ETA los confundió con policías, los secuestró, los torturó acabó con su vida y se deshizo de los cadáveres de tal forma que jamás han sido encontrados. Pese a los llamamientos institucionales de todo tipo para que la banda colabore con la localización de los cuerpos, siempre ha guardado silencio sobre este caso.
El 28 de marzo de 1982, asimismo, asesinó en Tolosa a tres jóvenes que vendían enciclopedias de euskera al confundirlos con policías. Uno de los muertos era militante del PNV y otro del Partido Comunista. Pese a que hay un miembro de la banda condenado por este crimen, ETA ha rechazado reconocer su autoría en este atentado. Un caso similar es el de José Uriarte Orúe, un taxista de 41 años -primo del obispo Juan Mari Uriarte-que fue asesinado en 1985 en Bermeo. En un primer lugar ETA reconoció que era la autora del crimen y acusó a Uriarte de confidente. Luego hizo desaparecer cualquier alusión a este crimen y lo borró de sus archivos.
El texto, al ocultar estos crímenes que la banda ha cometido pero se niega a reconocer, indica que existen algunos casos que siguen siendo tabú en la banda -por mostrar la crueldad de torturar a tres jóvenes inocentes o por la estupidez de confundir a vendedores de libros en euskera con policías, por ejemplo-. El comunicado pone de manifiesto que estos casos seguirán siendo ocultados por la banda.
Asimismo, una de las incógnitas de la información, según la nota explicativa de ETA, es qué sucederá con los crímenes sin resolver en los que la colaboración de la banda permitiría resolver la autoría. Los presos, los principales concernidos por esta situación, ya saben que los límites de su colaboración con la justicia son «la delación y el arrepentimiento», según han afirmado significativos dirigentes de la izquierda abertzale.
En el texto se emplea una calculada ambigüedad en este tema pero es difícil creer que la banda vaya a colaborar con los jueces. En primer lugar, el documento habla de la «responsabilidad colectiva», que excluye la responsabilidad individual. Asimismo, se refiere a «muchas acciones violentas cometidas en Euskadi que nadie ha asumido» -en referencia a la guerra sucia- con la que equipara a sus acciones. Además, los terroristas lamentan la ausencia de una comisión de la verdad. Su colaboración con esta verdad se limita a «la historia de ETA» -en la que ocultan varios crímenes- y a la colaboración de los miembros de la banda pero con un límite: «sus posibilidades y su responsabilidad».
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