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El independentismo rompe en Barcelona la unidad antiterrorista

La manifestación en contra de los atentados yihadistas se convierte en un acto con tintes políticos repleto de esteladas y pitidos contra Felipe VI y el Gobierno central

cristian reino

Sábado, 26 de agosto 2017

Cientos de miles de catalanes salieron ayer a la calle para condenar los brutales atentados yihadistas en Barcelona y en Cambrils, para expresar que no tienen miedo al terrorismo y para proclamar que la violencia no modificará su modo de vida en paz, libertad y democracia. Sin embargo, la movilización, que había sido convocada como la «manifestación de la gente» -la pancarta con el lema ‘No tinc por’ (‘No tengo miedo’) fue portada por 75 representantes de las fuerzas de seguridad, emergencias y sociedad civil-, quedó emborronada por la actuación de los independentistas.

Instigados por la CUP acudieron con banderas esteladas y carteles en los que se culpaba al Rey y al Gobierno español de favorecer el terrorismo yihadista por la relación comercial que mantiene España con las monarquías del Golfo Pérsico. Además, recibieron y despidieron al Monarca con una sonora pitada, gesto que repitieron cada vez que Felipe VI era enfocado por las cámaras y aparecía en las pantallas de televisión diseminadas por todo el recorrido. «Fuera, fuera», «votaremos», «no tengo miedo, ni rey», fueron algunas de las consignas que se pudieron escuchar durante la marcha.

Una gran pancarta, situada justo detrás de la cabecera de la manifestación, denunciaba: «Felipe y Rajoy, cómplices del comercio de armas, no tenéis vergüenza». «Felipe, quien quiere la paz no trafica con armas», rezaba otro cartel.

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La protesta contra el Rey, alentada desde el soberanismo y desde los grupos de la izquierda radical, desvirtuó el mensaje de unidad y clamor unánime contra el terrorismo que buscaba la manifestación, organizada por la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. Por momentos, más que una movilización contra los atentados yihadistas que apenas una semana antes había sufrido la ciudad, parecía una protesta contra el Rey, el Gobierno y el PP.

El recibimiento a Felipe VI constató, además, la división que hay en la sociedad catalana como consecuencia del proceso secesionista, que no se quedó al margen. Puigdemont evitó, no obstante, criticar los incidentes. «La libertad de expresión por encima de todo. Pero tampoco lo tenemos que magnificar», dijo.

La manifestación discurrió así en un clima enrarecido, que tampoco sorprendió a los presentes. Porque a lo largo de la semana ya se había podido vislumbrar que la unidad que se solicitaba por parte de todas las instituciones era muy frágil. Primero con el intento de partidos como la CUP y Podem Catalunya de vetar la presencia del jefe del Estado -Felipe VI se convirtió ayer en el primer Rey que participa en una movilización de este tipo-. Después por las declaraciones que el viernes realizó el president Puigdemont a un diario británico, en las que acusaba a Mariano Rajoy de «hacer política» con la seguridad de Cataluña. Su consejero de Interior, Joaquim Forn, echó ayer aún más leña al advertir que actuará si se confirma que la Policía española ocultó datos a los Mossos sobre el imán de Ripoll.

En menos de una hora

Nueve días después de la tragedia, la respuesta contra el terror fue, no obstante, masiva. Barcelona respondió en la calle y la gran mayoría de la ciudadanía que acudió a la movilización ofreció la mejor versión de sí misma. La Guardia Urbana habló de medio millón de personas. Cifras inferiores, en cualquier caso, a las de la manifestación del ‘No a la guerra’, en 2003, o las que se registraron tras el atentado de Hipercor (1987) o el asesinato de Ernest Lluch (2000), a manos de ETA.

La ciudad quiso, en todo caso, transmitir a los terroristas un mensaje claro: «No tenemos miedo». Lo hizo en una manifestación que recorrió el paseo de Gracia a lo largo de kilómetro y medio hasta la plaza de Catalunya. Un trayecto que completaron en menos de una hora. Al frente de la marcha 75 representantes de los cuerpos de seguridad, de emergencia y de entidades vecinales y ciudadanas. Eran ellos quienes debían haber sido los protagonistas de una movilización que relegó a las autoridades políticas e institucionales a un segundo plano, en una segunda cabecera.

No hubo como colofón discursos institucionales, sino que la palabra la tomó la sociedad civil. Primero para dar una respuesta cívica a la barbarie y en segundo lugar para decir que la gente ha salido a la calle para avisar a los terroristas que «si su ideología es la muerte, la nuestra es una apuesta decidida por la vida», según el texto que leyó la actriz Rosa María Sardá en el escenario instalado en la plaza de Catalunya. «No conseguirán dividirnos, porque no estamos solos, somos millones de personas las que rechazamos la violencia y defendemos la convivencia en Manchester y en Nairobi, en París o Bagdad, en Bruselas y Nueva York, en Berlín y Kabul», afirmó.

En su discurso, Miriam Hatib, también barcelonesa, miembro de la fundación musulmana Ibn Battuta, señaló que ni la «islamofobia ni el antisemitismo ni ninguna expresión de racismo o xenofobia tienen cabida en nuestra sociedad». «El amor acabará triunfando sobre el odio», remató. Fue un acto corto, sencillo, pero muy emotivo. Como los versos de Lorca, la música de Pau Casals o los miles de rosas que sujetaron los manifestantes, con los colores de la ciudad y de la esperanza por un mundo en paz. La protesta acabó como empezó: con miles de personas gritando ‘no tinc por’.

Alta representación política

A pesar de su papel secundario, al menos en cuanto a la ubicación, la gran marcha contra el terrorismo yihadista tuvo la representación institucional más numerosa e importante que se recuerda en España.

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Nunca antes el jefe del Estado había acudido a una manifestación y el Rey estuvo ayer en Barcelona. Su presencia en la capital catalana ha sido constante a lo largo de estos días de duelo. Estuvo el viernes 18, el día después de la tragedia, en el minuto de silencio de la plaza de Catalunya; estuvo con los heridos en los hospitales, se acercó el sábado pasado al mosaico de Joan Miró, la ‘zona cero’ del atentado en Las Ramblas, depositando unas flores y una vela; y presidió, el domingo, la misa celebrada en la Sagrada Familia en recuerdo de las 15 víctimas.

Junto al Monarca, la más amplia representación política en muchos años. Desde el presidente del Gobierno y buena parte de su equipo de ministros; el vicepresidente del Parlamento Europeo y el comisario europeo de Acción por el Clima y Energía; los presidentes del Congreso y del Senado; el presidente de la Generalitat y sus homólogos autonómicos; la alcaldesa de Barcelona, así como la representación de la totalidad de los partidos del Congreso y de la Cámara catalana. Prácticamente no faltó nadie en lo que a la vida política e institucional española se refiere.

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