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Marta Fdez. Vallejo
Lunes, 1 de febrero 2016, 00:46
La detección de las altas capacidades en las aulas y la atención que se da a estos alumnos es uno de los retos más complicados del sistema educativo. El Gobierno vasco tiene registrados a más de 400 de estos escolares superdotados o con inteligencias muy por encima de la media. Uno de los principales obstáculos con los que se encuentran los expertos es la dificultad que hay para descubrir a las chicas con talento. Los responsables de la enseñanza en Euskadi han lanzado la alerta: sólo tres de cada diez son niñas, un porcentaje que no responde a la realidad -tendría que ser de un 50%- y se debe a que ellas «prefieren ocultar sus capacidades para ser aceptadas en el grupo». Educación trabaja ya con los centros para que dediquen una especial atención a descubrir a las alumnas brillantes.
El Gobierno vasco ha activado una aplicación informática que permite contar con datos más fiables al poder registrar todos los estudiantes que se detectan. Cada año se descubren más talentos en las aulas. En 2011, se registraron 142 frente a los más de 400 actuales. «En estos últimos cursos hay un crecimiento de más de 35 casos al año. Se ha experimentado un incremento lento y homogéneo porque hay más herramientas y formación. Y más sensibilidad en la comunidad educativa», explica María Isabel Galende, responsable de Inclusividad y Necesidades Específicas de Apoyo Educativo.
Este curso, por ejemplo, el Departamento ha puesto en marcha un programa para la detección precoz de alteraciones del desarrollo de los niños en las aulas de 2-3 años, que se extenderá el próximo año académico 2016-2017 a las clases de 4 y 5 años para implantarlo después en todo el ciclo de Educación Infantil. El programa permite, entre otras cosas, identificar al alumnado que presente señales de un desarrollo precoz o altas capacidades.
Encontrar a estos pequeños genios entre miles de alumnos no es una tarea sencilla. En la mayoría de las ocasiones son las familias las que informan al centro de enseñanza de la posibilidad de que sus hijos sean superdotados. Los padres suelen, incluso, aportar ya el informe psicológico en el que se demuestra el cociente intelectual del niño. En general, por encima de 130 es superdotación y entre 100 y 130, altas capacidades. Cuando es el profesor el que sospecha de que un escolar puede ser superdotado lo comunica a la familia y se pone en marcha el proceso de evaluación diagnóstica. Se hace una petición al Berritzegune -los servicios de apoyo a los centros, que cuentan con asesores de necesidades educativas especiales- para llevar a cabo una valoración psicopedagógica que permita confirmar si se trata de un alumno con inteligencia superior a la media.
Muchos alumnos superdotados pasan desapercibidos por las aulas. «Hay familias que no quieren que a sus hijos se les etiquete por ninguna característica», aclara Galende. Les preocupa que puedan complicar su vida escolar. Una parte de los menores con altas capacidades sufren problemas de comportamiento en el colegio, de relación con sus compañeros e, incluso, fracaso académico.
Pero lo que más preocupa a los responsables educativos son las dificultades para descubrir a las niñas con altas capacidades. Sólo tres de cada diez superdotados reconocidos son niñas, cuando deberían repartirse al 50%. «Hemos lanzado la alerta. Ellas no quieren destacar. No se interpreta igual la alta capacidad en las chicas que en los chicos», añade Galende. Tienen miedo al rechazo del grupo si muestran su inteligencia.
Los expertos de Educación ya trabajan con los centros de enseñanza en la mejora de la detección de las alumnas superdotadas. «En las jornadas de formación y reuniones que hacemos para tratar la cuestión de las altas capacidades resaltamos el problema de las niñas no detectadas», detalla Galende .
Medidas de intervención
El otro caballo de batalla, junto con la dificultad para descubrir a estos niños con talento, es conseguir que el sistema educativo ponga los medios necesarios para desarrollar sus capacidades o, al menos, para que no se aburran y se desmotiven. «Si se confirma que el escolar es superdotado se ponen en marcha las medidas de intervención que hagan falta. Cada vez los centros de enseñanza cuentan con mejores propuestas para ellos», destaca la responsable de estos programas. «Por ejemplo, el aprendizaje por proyectos y cooperativo», detalla, «facilita que el alumno pueda asumir un rol determinado y desarrollar mejor sus capacidades».
Educación activa diferentes medidas según las necesidades del estudiante. Puede optar por enriquecer su aprendizaje -darle más trabajo en el aula que a sus compañeros y más complicado-, o ampliar su currículum con contenidos de otros cursos superiores. En otros casos, se permite que el estudiante complete la escolarización en menos años de lo establecido -se le puede saltar uno o dos cursos-, o se le incorpora a Primaria antes de los 5 o 6 años. Estas iniciativas las propone el centro, deben tener el consentimiento de la familia, y el visto bueno de Innovación Educativa y la Inspección. «También es importante hablar con los niños y escucharles», advierte Galende.
Sin embargo, una buena parte de las familias consideran que las medidas son insuficientes. Han reclamado al Gobierno vasco en numerosas ocasiones que «se forme» a los profesores en la atención a las altas capacidades, que se ofrezcan «sistemas adecuados» de detección de estos escolares y se «dote de recursos a los centros» para ofrecer una formación ajustada a las necesidades de estos niños. Muchas familias optan por enviar a sus hijos a centros especializados en desarrollar su talento como actividad extraescolar.
«En general, en los colegios no se les atiende, no se potencia su talento. Se les dan trabajo extra, más fichas para hacer, más ejercicios... que lo único que hace es aumentar la diferencia con sus compañeros. O les dicen a los padres que les apunten a extraescolares de música, de inglés... Lo mejor que les puede pasar es que se les salte un curso», opina Elisa Álvarez, directora de Interac, la asociación de Intervención de Altas Capacidades que funciona en el País Vasco y ofrece actividades específicas para este colectivo.
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