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erlantz gude
Domingo, 2 de abril 2017, 01:44
Innova se presenta como un foro para la creatividad empresarial y un punto de encuentro para quienes luchan por abrir nuevos caminos, haciendo hincapié en el factor digital. En este marco encaja sin duda el periodista guipuzcoano Mikel Ayestaran, aquel amante de los viajes que en 2005 renunció al calor de una redacción para embarcarse en la ardua misión de informar sobre el terreno de la actualidad de Oriente Próximo y Oriente Medio, dos de los puntos más calientes del planeta. Su compromiso llegó al punto de mudarse a Jerusalén, después de años viajando como enviado especial. Cuando recibió el premio Periodistas Vascos destacó la importancia del apoyo familiar: «No es fácil cambiar el monte Izarraitz por el de Los Olivos».
La tecnología es parte esencial de su trabajo, «empezando por Twitter, clave en un periodismo de nombre, de marca». Y también para enviar la información a las redacciones de Vocento y EiTB, sus principales clientes. Lo primero que hace al llegar a un lugar es buscar un punto que le garantice buenas comunicaciones y siempre viaja con recambios. «Empotrado con tropas de la OTAN en un monte de Afganistán debes estar preparado por si algo falla», anota. Puede constatar los efectos de la globalización con pequeños detalles. «Hasta en el último rincón conocen del valor de un iPhone», detalla. Con todo, y pese a la relevancia de las nuevas tecnologías, juzga determinante el factor humano.
Habla quien en el ejercicio de su profesión debe extremar las precauciones. «No te puedes fiar de nadie». Se define «segurola» y cuando ha de incursionar en la peligrosa carretera a Alepo «llamo a los puestos de control o pregunto a compañeros que han estado allí». Ha irrumpido en el tablero un enemigo de inusitada crueldad: el Estado Islámico. ¿Hasta qué punto Ayestaran ha estado cerca de la organización? «Accedes a la periferia, a ideólogos, pero el testimonio más interesante lo aportan quienes han vivido en territorios bajo su dominio. Nadie se acercó a los talibanes para ponerles un micrófono y tampoco se ha hecho con el Estado Islámico». Con un gran matiz: «Ya no nos necesitan, disponen de su propio altavoz», en referencia a su manejo de las redes sociales.
En su repaso a la actualidad de Oriente Medio y Oriente Próximo, Ayestaran, que conoce de primera mano las tensiones entre israelíes y palestinos -publicó el libro Gaza, cuna de mártires-, cree que la creación de dos estados «solo es viable a través de la influencia exterior». Una muestra del encono que se profesan las partes es el caso del soldado Elor Azaria, condenado a año y medio de cárcel, pese a la petición de indulto del primer ministro Netanyahu, tras abatir a un palestino desarmado que había atacado a varios militares, y que inspiró el disfraz más exitoso del equivalente israelí al carnaval, explica el corresponsal. La incapacidad de los palestinos para diseñar un frente común, prosigue, es otro de los obstáculos para la resolución del conflicto.
La seguridad de Teherán
¿Y Siria? «Lo más factible es la continuidad de Bashar al-Asad», recordando además que cuenta con el apoyo ruso. Frente a quienes han sostenido que la maltrecha economía de este país acabaría comprometiendo el despliegue militar y vaticinaron un nuevo Afganistán, Ayestaran esgrime que «la mayoría de los sirios que se han quedado en el país vive en zonas bajo control gubernamental, y sienten que los rusos han llegado para protegerles. Estados Unidos no consiguió esa identificación de la población en Iraq. Además, los americanos no cuentan con grupos para plantear una guerra de desgaste como en Afganistán», dice.
Ayestaran siente especial debilidad por Irán. Ante los clichés, apunta a su capital como uno de los sitios más seguros de la zona. «Más que Madrid, por ejemplo». Y dibuja un país con una cultura similar en parte a la occidental. Para entender los entresijos de la región hay que adaptar la mentalidad y el prisma desde el que se valoran los hechos. Así, «los jóvenes iraníes, con una vocación más aperturista, deben conformarse siendo realistas con ciertas reformas». Los sueños de una democratización a la europea que suscitaron las primaveras árabes fueron un espejismo. «Ya se vio en Iraq, no basta con deponer al dictador y poner urnas, en esta parte del mundo las cosas no funcionan así».
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