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Carlos de Inglaterra y Gerry Adams se dan un histórico apretón de manos.
El secreto de la taza

El secreto de la taza

Mucho se ha hablado de la fotografía entre Carlos de Inglaterra y Gerry Adams. Pero nada de una taza que escondía la verdad de esa cita y del contenido de la conversación

jon uriarte

Sábado, 23 de mayo 2015, 00:19

Desconozco si era de fina porcelana o de andar por casa. Por casa irlandesa, se entiende. Pero a sutil, trascendental y valiosa, no le gana ni la del sultán de Brunei, cuando le da por pedir una infusión. Porque esa taza dice más que mil editoriales. Habla como el pequeño Chip y su madre, la tetera Pots, en 'La Bella y la Bestia'. Sí, yo también tengo sobrinos y la he visto cien veces. Pero dejemos a Disney y hablemos de Wilde. Porque el detalle jamás se le habría pasado al señor Oscar. Ante de seguir, echen un vistazo a la fotografía que nos acompaña. En ella Carlos de Inglaterra y Gerry Adams se dan un apretón de manos en la Universidad de Galway, al oeste de Irlanda. Una tierra que intenta pasar páginas manchadas de un rojo que cuesta quitar. Y entre ambos, está la taza. No es casualidad. Porque habla.

-Vaya falta de educación -decían algunos al ver la imagen.- Le pillaría mal -justificaban otros.- Pues no veo problema por dar la mano sin soltar la taza -apuntaba alguno que cree que "mantener las formas" es no cambiar de talla de pantalón. Pero esa taza iba al margen de todo protocolo. O no. Porque precisamente quería contar al mundo que su dueño, me refiero a quien le llevaba en ese momento, no daba al saludo categoría de histórico. No es listo ni nada Charles. Y no solo porque se haya pasado la vida como el Meléndez de la casa Real Británica. Siendo un eterno suplente. Porque si el del Athletic me caía bien, no te digo el de Windsor, que se va a jubilar antes que su madre. Pero volvamos a la taza.

En el lenguaje no verbal, ese gesto es un grito. O al menos una frase rotunda. -He venido, te saludo, pero como en la cena de empresa a la gente. Por educación-. Eso dice Carlos de Inglaterra con la taza. No olvidemos que recibió duras críticas en cuanto trascendió que iba a tener lugar ese encuentro con el líder del Sinn Fein. Una cosa es que la madre, Doña Elisabeth, apriete su mano con un alcalde republicano o con el mismísimo Martin McGuinness, antaño comandante del IRA y enemigo público número uno, y otra que el hijo haga lo propio. Por eso el primogénito, que es más listo de lo que parece, pone taza de por medio y ofrece una foto lateral. De esas que no son posado y por lo tanto no hay cariño, efeméride o acuerdo. Si se fijan, sea reunión de familia, asunto laboral o firma entre políticos, la gente se pone de frente. Incluso al darse la mano miran a cámara. Aquí no. Tampoco "efecto espejo". Es el que se produce cuando dos personas están en la misma sintonía. Acaban colocando sus brazos y piernas en la misma posición, pero al revés. Como si estuvieran mirándose en un espejo. Y en este caso no se da, precisamente, por culpa de la taza. Primer detalle. El segundo es la cara de ambos.

Dicen que Adams estaba nervioso. Quizá por ello en la foto habla él, mientras que el otro escucha. Curiosamente ambos mantienen una cara relajada, aunque sea forzada, y hasta algo sonriente. En cambio quienes les rodean, parece que estén en un funeral. Se masca la tensión, que diría Fradejas el de Aplauso. Y será porque está "teniente" de un oído o porque mirar a los ojos implica una voluntad que no existía. Pero Carlos cede oreja, fácil en su caso, y esconde ojos. Además, bastante tiene con mantener el pulso. Porque, si se fijan, ha derramado algo de líquido. Y eso siempre dificulta pegar sorbos sin manchar corbata, por mucho chaleco que se lleve. Por cierto, para ser té es muy claro. Más parece manzanilla. Pero no me haría a mí un feo así Charles. Un Príncipe de Gales no puede beber como un enfermo de hospital. Quiero pensar que es una marca de té que desconozco. Lo que tampoco sabemos es qué fue de la cuchara. Puede que no sea usuario de azúcar. Los verdaderos amantes de la infusión que habla inglés son poco dados a usarla. Y eso que en esa cita hacía falta más azúcar que la que cantaba Celia Cruz. Pero las gentes de las islas son así. De flema sobria y sin aditivos dulces. Así, mientras ellos comparten momento, la taza da techo a las manos. Y parece, por la imagen, que Adams aprieta más que un campeón de pulsos.

Hay una fina línea en el dorso de la mano que está más blanca que el resto. Como cuando la sangre no pilla camino porque alguien ha cortado el riego de las venas. Pero apenas se nota, gracias a esa taza que cubre las manos con una oportuna sombra. Como diciendo -Hasta aquí pueden ver. Eso es todo-. No está mal para un objeto tan simple. Porque pasarán los años y un día sabremos si ese saludo fue o no histórico. Incluso puede que alguien revele las palabras cruzadas y las que no afloraron, pero se pensaron. Pero nadie podrá borrar de la foto ese testigo que también fue parte. Carlos de Inglaterra, Gerry Adams y la taza. Tres protagonistas sin los cuales no se podría entender lo que pasó. Y, sobre todo, lo que pasará.

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