Borrar
Acceso a la Mina Perico..

Ver fotos

Acceso a la Mina Perico.. FERNANDO GÓMEZ

Un paseo por la última mina subterránea de Euskadi

Ubicada en Trucíos, en pleno Parque Natural de Armañón, explota uno de los yacimientos de calcita «más puros y grandes de Europa»

josé domínguez

Lunes, 2 de abril 2018

El poderío económico del País Vasco se sustentó en su capacidad para liderar la revolución industrial española en los siglos XIX y XX. Y el motor de desarrollo fue la riqueza del subsuelo, que se tradujo en la explotación de cientos de minas a lo largo y ancho de la comunidad. Hoy, sin embargo, de aquello sólo quedan vestigios y galerías abandonadas. Salvo en Trucíos, donde sobrevive la última explotación subterránea, en pleno corazón del Parque Natural de Armañón y centrada en aprovechar uno de los yacimientos de calcita «más puros y grandes de Europa».

La ‘mina Perico’ nació como un modesto negocio familiar dentro de una cueva bajo el macizo de Jorrios. Durante décadas, extrajeron el carbonato cálcico natural para, bien desmenuzado, destinarlo a pienso. Para gallinas y cerdos principalmente. Las inundaciones de 1983, sin embargo, provocaron su cierre. «Toda la maquinaria quedó inutilizada por el agua», explica Alberto Camarero, director facultativo de la explotación.

Estudios y sondeos

El Ente Vasco de Energía descubrió su existencia a principios de los 90 y le sorprendió la «pureza química extraordinaria» del mineral que albergaba. «Hicimos estudios y sondeos que nos dicen que aquí hay una masa muy homogénea y grande de calcita», reconoce Álex Franco, responsable del departamento de recursos geológicos y mineros de la entidad. Tras encontrar un socio al 50%, la empresa minera Magnesitas de Rubián –con sede en Lugo–, y tras invertir más de dos millones de euros en construir una planta de tratamiento, el EVE ponía en marcha Micronatur en 2007. En esta década la empresa semipública ha extraído 250.000 toneladas de producto.

Lago de agua de lluvia en el interior de la mina.. FERNANDO GÓMEZ

«En invierno tenemos que estar siempre achicando porque la mina se inunda, pero no deja de llamarnos la atención la transparencia del agua, cristalina, aunque helada de verdad», bromea Camarero al fondo de la galería principal. Hace una década, este suelo estaba «30 metros más arriba y siempre hemos sacado mineral de esta blancura», asegura mientras arranca de una pared pequeños trozos rectangulares que rompe con facilidad. «Aunque lo reduzcas a tamaño microscópico, siempre tiene la misma forma», añade.

Para excavar empezaron con una rozadora, «pero se rompía mucho». Sobre todo al horadar la galería lateral, a varios metros de profundidad y separada de la cavidad principal por un «pilar gigantesco de 16 metros de anchura y casi 100 de longitud para garantizar la estructura de la explotación». Optaron por las voladuras controladas «de poca potencia, unas 25 o 30 al año de 200 kilogramos de dinamita más o menos cada una».

«Menos grosor que la harina»

El director de la mina asegura que hay yacimiento para «muchos años». «Tenemos una concesión de tres décadas y podemos pedir dos prórrogas de otras tres cada una, aunque a tanto no creo que lleguemos», bromea. Eso sí, los sondeos indican que hay calcita de la mejor calidad al menos veinte metros más abajo, «y luego también excavaremos un túnel en diagonal siguiendo una veta, aunque hasta que lleguemos a ese momento es difícil precisar con seguridad».

Imagen de la zona de acceso a la mina. FERNANDO GÓMEZ

El trabajo realizado hasta la fecha demuestra, a su juicio, lo acertado de apostar por este yacimiento. Otra cosa es la rentabilidad, que crece con cuentagotas. «Habíamos hecho un plan de viabilidad pero con la crisis cerraron algunos clientes; todo, sin olvidar que el beneficio inmediato no es el objetivo del EVE, sino primar la explotación de recursos propios del País Vasco», matiza Álex Franco.

En cualquier caso, el responsable del proyecto remarca que las expectativas de venta son cada vez mejores gracias a la alta calidad y versatilidad del producto. En la planta de tratamiento proceden a su granulado hasta dimensiones «de menos de dos micras de grosor, mucho más fino que la harina», que garantiza múltiples utilidades.

La principal es para hacer ‘slurry’ o una pasta que se emplea para dar blancura a las hojas de papel. También tiene gran aceptación en el sector de las pinturas y en la alimentación. «Se usa en piensos e incluso en productos para humanos, ya que es un material totalmente inocuo pero con propiedades interesantes para crear texturas y colores», remarca Camarero. Su gran pureza –más del 99%– permite incluso su uso para productos farmacéuticos, «pero no hemos apostado por esa vía porque exige controles añadidos para lo que tendríamos que invertir más en adaptar la planta».

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

elcorreo Un paseo por la última mina subterránea de Euskadi