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Las desigualdades sociales hacen mella en la salud. Una investigación realizada por expertos de la Universidad del País Vasco ya dejó patente que en los ... barrios más vulnerables de la villa la esperanza de vida es hasta seis años menor. Aunque ha crecido en dos décadas una media de 2,8 años en el caso de las mujeres y de 4,1 en el de los hombres, un señor de Indautxu vive de media 81,44 años, mientras que uno de Bilbao La Vieja se muere a los 75. También hay más nacimientos prematuros en los barrios más desfavorecidos y más gente con sobrepeso.
El estado de salud y la mortalidad empeoran a medida que desciende el nivel de estudios, la clase social, el barrio de residencia y también influye el género. Las mujeres viven más que los hombres en Bilbao, pero «con peor salud», según explicó ayer la concejala de Salud y Consumo, Yolanda Díez, en el pleno. La media de vida de las bilbaínas es de 86 años y de 79 en el caso de ellos, pero ellas llegan más lejos con una peor calidad de vida, algo que no «tiene que ver con cuestiones biológicas». «Entran en juego otros factores de tipo social», confirmó la edil. El Ayuntamiento presentó el año pasado el primer plan de salud municipal, cuyo objetivo último es reducir las desigualdades de salud en la ciudad. Lo hizo tras encargar diagnósticos y meses de trabajo con colectivos profesionales, vecinos y asociaciones de padres.
El proyecto trata de incorporar la perspectiva de la salud en todas las actuaciones municipales a través de varias acciones. «Crear zonas verdes, barrios accesibles, la formación en alimentación saludable, la posibilidad de acceder a productos frescos o la puesta en marcha de Bilbao 30 tendrá un gran impacto en la salud de Bilbao, además de la que tienen otros recursos, como los planes de empleo», ya que cuando una persona accede a una fuente de ingresos, disminuyen factores como el estrés y la depresión, expuso Díez.
Ayer, el Ayuntamiento se comprometió en el pleno a conformar una mesa de seguimiento del plan y a actualizar el diagnóstico de salud de la ciudad cada dos años. También dará cuenta cada ejercicio a los grupos políticos y a los distritos del grado de cumplimiento de los objetivos del programa y del estado de salud de la ciudad.
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El plan se centra en los barrios, ya que hay realidades sociales muy diferentes. Según Díez, los distritos «son entornos generadores de salud física y bienestar emocional», y es donde se despliegan estrategias más concretas, como la creación de espacios saludables o planes específicos de intervención comunitaria. La mesa de seguimiento analizará cómo han impactado las políticas municipales en la salud de los vecinos. La primera reunión, con datos nuevos, se celebrará a mediados del próximo año. Toda la Corporación aprobó por unanimidad la creación de este órgano y el encargo de los informes bienales que diagnostiquen la situación sanitaria de la ciudad.
El equipo de gobierno consensuó la propuesta con Elkarrekin Podemos, que había pedido en su moción que se creara un observatorio de salud similar al de Barcelona. A juicio de Carmen Muñoz, disponer de una herramienta similar «permitiría monitorizar la evolución de las desigualdades en salud, porque los virus y las enfermedades no entienden de barrios, clases, de empleos esenciales y de tener o no una vivienda adecuada. Así se podrán tomar decisiones mucho más acertadas». «El propio plan es un observatorio», incidió la concejala de Salud y Consumo. Muñoz señaló que la enmienda es un «pasito» y que comparte la filosofía de esta iniciativa.
La primera teniente de alcalde, Amaia Arregi, concejala de Seguridad, tomó ayer las riendas del pleno en ausencia del alcalde, convaleciente tras una operación de cadera. Fue la primera sesión plenaria de su era en la que no estuvo presente el propio regidor y también la primera de la democracia presidida por una mujer, según puso en valor ayer el PP, que felicitó públicamente a la concejala. Arregi moderó la sesión, dio el turno a los diferentes portavoces, interrumpiéndoles si se pasaban del tiempo. Eso sí, no se adentró en el debate político y solo rechazó dar la palabra cuando el edil popular Carlos García se sintió aludido porque Alfonso Gil dejó caer que el PP gestionó mucho peor las Cercanías de Renfe.
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