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SILVIA OSORIO
Miércoles, 26 de abril 2017, 23:32
No llegó a los cien años de vida, pero su valor histórico lo encumbra como una parte importante del patrimonio de Santurtzi. El molino harinero de Cercamar, en Santurtzi, fue el más antiguo de los tres que existieron en el núcleo actual del municipio. Estos ingenios arquitectónicos de finales del siglo XVII gozaban de una gran importancia social y económica, pues resultaron ser básicos y fundamentales en una sociedad eminentemente agrícola. Sin embargo, del de Cercamar, emplazado en el camino de las casas de Ontanillas en una parcela propiedad de Repsol Butano, sólo quedan unas casi invisibles ruinas de su fábrica y de las paredes de la casa contigua.
Está recubierto de zarzas y diversa vegetación, por lo que pasa desapercibido a los ojos de cualquier viandante. Pero Joseba Trancho, miembro de la agrupación naturalista-ecologista Amezti Taldea, ha realizado un completo trabajo de investigación sobre esta estructura con el objetivo de rescatarla del olvido y devolverle su sitio. «A nivel arquitectónico no tiene mucho valor. Era un molino muy sencillo, de mampostería, similar a otros de la época, pero está cerca del único lavadero que queda en Santurtzi». Ayer, el experto impartió una charla en el Kulturgune de Mamariga para presentar el informe. «He querido documentar parte de la historia, ya que el 99% de la población de Santurtzi no sabe que hubo un molino en esta zona», señaló Trancho, que se hizo eco del comentario de un vecino para adentrarse en la investigación.
«Me acerqué hasta allí y no vi nada. Estaba todo lleno de maleza. De hecho, lo dejé», explicó. Sin embargo, un día, en el archivo foral, buscando diversa documentación de Santurtzi, se encontró con dos planos de 1880 que atestiguaban la existencia de esta infrestructura a raíz de un litigio entre el Ayuntamiento y el propietario del terreno. Así pudo localizar los restos. «Se conserva parte de la presa, de las paredes y de lo que era la estolda, donde estaba el rodete. Cerca está la casa que se supone que era del molinero», describe.
La introducción del maíz
Tras seis meses de trabajo, ha podido constatar que la vivienda data del siglo XVI. Según argumentó, Ochoa de Salazar, biznieto de los Salazar de Portugalete, heredó la casería de Cercamar en 1550, sin molino. «Suponemos que alguno de los sucesores lo instalaría allí». Hasta 1700 hay un «vacío» sobre quiénes fueron heredando dicho patrimonio, pero sí se conoce que en 1759, los descendientes de Ochoa de Salazar, que residían en Villarcayo, vendieron el molino, «ya en estado ruinoso», precisó Trancho.
La construcción, de planta cuadrada, se habría debido a la existencia de un arroyo y a que toda la zona, desde el parque de Santurtzi hasta El Calero, eran campos de cereal, por lo que se hizo necesario un lugar donde moler la cosecha. La hipótesis de su corta existencia se centra en la introducción del maíz, que llevó al declive a una infraestructura dedicada a trabajar solo con el trigo. «Los molinos grandes tienen dos rodetes: una para trigo y otra para maíz. Pero este era pequeño y si quería triturar el maíz, había que cambiarle las piedras», remató el investigador.
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