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SERGIO LLAMAS
Viernes, 27 de enero 2017, 23:56
Desde hace ocho años Jokin Perea, presbítero jubilado, preside la Fundación Miranda, de Barakaldo. Más allá de su labor como residencia para 230 ancianos, la centenaria institución se ha visto envuelta en la polémica por el futuro del colegio concertado La Milagrosa, que durante más de medio siglo ha usado una parte de sus instalaciones. La marcha de los titulares de la escuela, Hijas de la Caridad, el 31 de agosto, deja en el aire la continuidad del proyecto educativo hasta que hallen la forma de pagar el alquiler del edificio. Por el momento las negociaciones entre la Federación de Ikastolas y la Fundación Miranda no han dado resultado. El Gobierno vasco anunció ayer «medidas excepcionales» para organizar la matriculación de los 350 alumnos que estudian en el centro si finalmente cierra el próximo 31 de agosto.
¿Se podrá llegar a un acuerdo?
Creo que en este momento ya no es posible. El patronato dirigió una carta a la Federación de Ikastolas diciéndole que estábamos dispuestos a otro encuentro si nos presentaba una nueva propuesta por escrito y la firmaba un responsable que se comprometiera. Se verificó esa reunión pero no trajeron nada de eso. Me parece que ya no hay muchas posibilidades.
¿Hay otra forma de salvar La Milagrosa?
La única solución que yo encuentro es que una entidad jurídica solvente asuma la titularidad del centro. La Federación de Ikastolas se había ofrecido a mediar con una posible entidad que firmara el convenio, pero no tenemos delante ninguna.
La alcaldesa de Barakaldo ha dicho que esto viene de 2001. ¿Por qué no se ha actuado antes?
No lo sé. Cuando yo llegué a la presidencia de la Fundación Miranda el problema ya estaba sobre la mesa. Las religiosas habían decidido que no iban a seguir, no por razones económicas, sino porque no tenían vocaciones. Yo no he visto nunca a ninguna en el colegio. Desde entonces ha habido muchas idas y venidas buscando una solución, no solamente con la Federación de Ikastolas. Antes ha habido contactos con los centros escolares diocesanos, los paules, las simoninas y con la Federación de Colegios Cristianos de Euskadi.
¿La Fundación Miranda tiene ya algún plan para ese edificio?
Nos hemos preguntado muchas veces qué hacemos con él. La respuesta es clara. Ni desde el punto de vista legal, ni del estatuario, ni del ético podemos hacer otra cosa que atender a ancianos necesitados. La voluntad del fundador es taxativa. Hace tres años hicimos una propuesta en un concurso del Ayuntamiento para un centro de día. No la aceptaron y solo hemos llegado hasta ahí. Pero en la hipótesis de que el colegio cierre y el edificio quede vacío, tenemos que tomar una decisión.
Para las familias de La Milagrosa es difícil entender el comportamiento de la Fundación como entidad sin ánimo de lucro.
Yo he tenido una reunión con el AMPA y les he dicho que en este momento somos un centro seriamente deficitario en lo económico y no podemos prescindir de la fuente de ingresos. Uno de los economistas del patronato ha reiterado varias veces que si seguimos a este ritmo, en cuatro años tenemos que cerrar. Nuestro presupuesto para 2017 tiene más de 150.000 euros de déficit, y el motivo es que en tres años la proporción de usuarios asistidos, que era del 25% frente al 75% de válidos, ha dado la vuelta. Los costes de personal, en equivalencias de puestos de trabajo, han pasado de 101 jornadas completas en 2013 a 160 en 2017, un 59% más. Tenemos unas necesidades económicas brutales si queremos atender bien a los ancianos.
Patrocinadores
Además de subir la tarifa a los residentes, ¿no se pueden medidas como suprimir celebraciones?
Todos los actos están cien por cien patrocinados. Las tartas nos las da una empresa, el champán otra hay un montón de patrocinadores y los trabajadores hacen horas extra sin cobrarlas. Los responsables de la entidad son los dan la tabarra a los que colaboran. Con eso hacemos las celebraciones. Nos parecen un elemento crucial para la buena vida de los ancianos. La persona, desde que es niño hasta los 84 años que tengo yo, necesita fiesta. Queremos que los mayores no sean unos bichos raros, sino personas normales que puedan celebrar.
¿Cómo viven esta situación los miembros del patronato?
Como yo, muy disgustados porque lo que se dice de nosotros es falso. En un encuentro con el AMPA no se creían que ninguno cobrásemos nada. Si voy a una reunión tengo que pagar mi billete de metro, y lo mismo el resto. Muchos han hecho aportaciones y donaciones de terceros.
¿Y ahora qué?
Yo no decido, decide la Junta, pero la Junta está muy cansada de esta situación en la que se está repitiendo siempre lo mismo y nunca se dan pasos de carácter práctico hacia delante. Hemos dicho claramente cuál es nuestra posición y nuestras razones. Creo que no va a avanzar más.
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