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Gergori, aficionado a la bicicleta, no sabe cómo le responderá el cuerpo ante semejante reto.
Desde Santurtzi a Nepal

Desde Santurtzi a Nepal

Gergori Ayarzaguena recorrerá casi 8.000 kilómetros con el objetivo de recaudar fondos para reconstruir una escuela asolada por el terremoto de 2015

silvia osorio

Lunes, 18 de abril 2016, 11:09

Desde Santurtzi a Nepal por una buena causa. Es la hazaña que se ha propuesto Gergori Ayarzaguena, un educador social de 36 años nacido en el municipio costero, que emprenderá el próximo domingo una travesía de casi 8.000 kilómetros con el objetivo de recaudar fondos para reconstruir una escuela en un pueblo del país asiático llamado Gorkha, que resultó devastado por el terremoto del que el próximo día 25 se cumple un año. El recorrido será a golpe de pedal, pues es un amante de la bicicleta. «Nepal es uno de los países más pobres del mundo. A veces no se canalizan bien las ayudas y siempre me ha gustado colaborar con ONGs pequeñas para estar seguro de que el dinero llegue y saber qué se va a hacer con él», señala.

La aventura la realizará en dos etapas, primero hasta Ankara, y tras un descanso de tres meses, de la capital turca hasta el país nepalí. La primera arrancará este domingo a las 11.00 horas en el puerto y durará hasta finales de agosto. Gergori prefiere no marcarse una fecha de llegada. «No me la he planteado, ni quiero. Es complicado marcarse un día de llegada. Me vale con llegar a finales de agosto», afirma. Eso sí, la ruta la tiene bien estudiada: desde su localidad natal partirá hasta Eibar para dirigirse desde allí a San Sebastián. Después, a través de Bayona, continuará por Francia, Italia, Eslovenia, Serbia, Croacia, Grecia y Turquía. Ya en 2017 completará el reto saliendo en enero de Ankara y regresando a casa en agosto.

La idea viene de lejos. Este santurtziarra, que vivió varios años en Latinoamérica, se considera un trotamundos. «Me gusta mucho viajar y conocer nuevas culturas, involucrarme en ellas. Antes que el fin solidario, el fin de este viaje es personal. Quería dar un cambio de aires a mi vida». Además, dada su vocación, siempre ha tenido la inquietud de ayudar a los demás. Hace seis años ya conoció de primera mano la realidad de Nepal por su trabajo en un orfanato. Sin embargo, este viaje lo tenía en mente desde hace año y medio, antes de que ocurriera el terremoto. Había preparado presupuesto y otros detalles, pero no había pensado en el destino. Con la tragedia del pasado año, lo tuvo claro.

«Me lo había propuesto como un juego para escapar de la rutina. Era ese sueño con el que te retroalimentas por las noches. Pero un día me desperté con la noticia del terremoto y poco a poco fui encajando piezas. Todo empezó a tener sentido», explica. Dada sus vivencias en el país asiático y a su profesión, Gergori tenía claro que la causa por la que iba a desgañitarse debía tener la educación de los menores como principal foco de acción. «La educación allí se descuida bastante y me parecía importante contribuir en ese sentido», añade. Así, y tras barajar varias posibilidades, contribuirá al proyecto que la ONG Balabalika Pokhara lleva a cabo en Gorkha para levantar un colegio en el que cursan sus estudios 250 menores de 3 a 17 años. «Es una ONG pequeña que lleva tres años en Nepal y ya ha reconstruido uno de los tres módulos que se vinieron abajo. Me gustó su filosofía».

Durante el trayecto, parará en las ciudades por las que pase con su bicicleta y escribirá en un blog (www.unapizarraparagorkha.com) la experiencia de su viaje o las labores de la ONG. De hecho, la iniciativa solidaria lleva por nombre Una pizarra para Gorkha. En su bitácora aparece un número de cuenta en el que cada uno puede colaborar como quiera. «Todos los meses iremos publicando el dinero recaudado y lo que se ha ido haciendo con ese dinero», subraya.

30 kilos de equipaje

El viaje arrancará con rutas cortas, de no más de 70 kilómetros diarios. El educador lleva preparándose varios meses y está habituado a realizar largos trayectos en bicicleta, pero ante un reto de este calibre que exige una gran fortaleza física deberá ir habituándose a la carga de kilómetros y a la propia bici. «No soy ciclista profesional y me tengo que cuidar de las lesiones. Tampoco voy a reducir el viaje a la bicicleta. Si llego a una zona o ciudad que me gusta, tengo la libertad de quedarme uno o dos días».

A cuestas llevará un equipaje de 30 kilos. Tienda de campaña, hornillo, provisiones... «He entrenado con un peso de unos 25 kilos, pero la bici ya pesa 17, más el mío... No sé cómo me voy a encontrar, pero como no tengo prisa pararé cuando sea necesario», comenta.

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