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Manuel Arroyo
Lunes, 25 de mayo 2015, 03:33
Euskadi es diferente. Lo es porque, en medio de una vorágine que ha arrasado la confianza ciudadana en los grandes partidos por la crisis y los escándalos de corrupción, el PNV se ha visto reforzado en las urnas al conseguir 30.000 votos más que en las elecciones municipales y forales de 2011 sin ofrecer el menor indicio de desgaste. Los jeltzales, indiscutibles triunfadores en las urnas, están en inmejorable situación para recuperar las diputaciones de Álava y Gipuzkoa, y ayuntamientos emblemáticos como los de San Sebastián, Barakaldo o Gernika. EH Bildu, que irrumpió hace cuatro años en las instituciones con enorme brío, ha pagado la factura de su cuestionada gestión, especialmente en Gipuzkoa, con una pérdida de apoyos y, previsiblemente, de cuotas de poder. El País Vasco sí sigue la estela del resto de España en lo que respecta a la configuración de un nuevo mapa político, mucho más fragmentado que el hasta ahora vigente, en el que el PP se desploma, los socialistas siguen en caída libre y en el que Podemos y Ciudadanos se hacen un hueco con desigual suerte. La formación de Pablo Iglesias entra con empuje en los tres territorios históricos y, a través de marcas a las que ha brindado su apoyo, en más de una veintena de ayuntamientos. La de Albert Rivera, en cambio, se estrena con un peso insignificante.
El escenario que ha dibujado el 24-M es el de una Euskadi políticamente muy plural y mayorías muy ajustadas en gran parte de las instituciones. Ese escenario obligará a los partidos a alcanzar acuerdos -a dos bandas y, en algunos casos, a tres- para garantizar la gobernabilidad de las diputaciones y de los principales municipios.
El PNV ha consolidado su liderazgo en el País Vasco y abierto brecha respecto a los demás partidos. Inexpugnable en Bizkaia, su fortín electoral, los peneuvistas conservan sin apuros sus principales plazas en ese territorio y seguirán al frente de la Diputación gracias a una holgada mayoría en las Juntas Generales (23 escaños sobre 51, uno más que hasta ahora). No exhiben el mismo empuje en Álava. Aunque gobernarán previsiblemente la Diputación al ser la primera fuerza en escaños, que no en votos (le supera el PP en el conjunto del territorio), vuelven a perder posiciones en Vitoria, donde quedaron terceros, por detrás de populares y EH Bildu. En Gipuzkoa se imponen a la izquierda abertzale tanto en las Juntas como en San Sebastián, cuyo Ayuntamiento controlarán por primera vez en 28 años.
Los jeltzales, que pagaron los platos del éxito de EH Bildu en los comicios locales de 2011, han demostrado sus sólidos cimientos electorales en una coyuntura en la que la debilidad corroe a los principales partidos, mientras nuevas siglas emergen a la caza del voto de los desencantados con los partidos tradicionales. La formación de Andoni Ortuzar ha sabido capear ese terremoto, mientras observa cómo sus adversarios se desinflan y los recién llegados encuentran más dificultades para implantarse en Euskadi que en otras zonas de España.
Revés de EH Bildu
La izquierda abertzale se consolida como la segunda fuerza política de la comunidad autónoma, aunque muy lejos de su soñado 'sorpasso' al PNV. Después de cuatro años al frente de las principales instituciones guipuzcoanas y de un puñado de ayuntamientos en los otros dos territorios, EH Bildu ha sufrido un notable desgaste, que se ha traducido en la pérdida de unos 20.000 votos y en su casi seguro desalojo de la Diputación de Gipuzkoa, la Alcaldía donostiarra y decenas de municipios emblemáticos. En San Sebastián, donde ganó hace cuatro años, ha quedado relegada a tercera fuerza, por detrás del PNV y el PSE, lo que carga de razones a las voces internas que apostaban por un candidato distinto a Juan Karlos Izagirre.
Los socialistas vascos siguen sin levantar cabeza. Arrastrada por el declive del PSOE y por la irrupción de Podemos, la formación de Idoia Mendia se ha dejado casi 20.000 papeletas respecto a los comicios de 2011 y ha sufrido un severo revés en algunos de sus núcleos tradicionales, como la Margen Izquierda del Nervión. Por apenas un puñado de votos, y a falta de contabilizar el sufragio de los residentes en el extranjero, los socialistas se han quedado sin la Alcaldía de Barakaldo -la principal institución que gobernaban-, aunque han amarrado localidades como Portugalete, Eibar y Ermua. Como compensación, se han impuesto en Lasarte, Pasaia y Andoain; y ha adelantado al PP en Bilbao al situarse como tercera fuerza. Son cuartos en Vitoria y quintos -por detrás de Podemos- en las Juntas de Álava.
Sonado batacazo también para el PP vasco -muy afectado por el tsunami del partido en toda España-, que ha perdido más de 40.000 votos. Su único consuelo es el contundente triunfo de Javier Maroto en Vitoria, que ha sumado 3.000 papeletas más que en los anteriores comicios, lo que ha permitido a los populares mantener la condición de fuerza más votada en ese territorio. No será, sin embargo, la mayoritaria en sus Juntas Generales, donde le aventaja el PNV por el reparto de escaños por circunscripciones, lo que deja a los jeltzales en puertas de gobernar la Diputación foral, ahora dirigida por el conservador Javier de Andrés. El PP ha pasado de segundo grupo a cuarto en Bilbao y se ha desplomado en municipios como Getxo, uno de sus bastiones en Euskadi, o San Sebastián. La renovación de candidaturas impuesta por la presidenta del partido en Euskadi, Arantza Quiroga, no ha impedido su desplome.
Podemos se estrena con fuerza en los tres parlamentos provinciales, en los que se sitúa como cuarta fuerza, por delante del PP. La organización que dirige Roberto Uriarte ha exhibido músculo, aunque su peso es inferior al registrado en otras comunidades autónomas. En las elecciones municipales, en las que se presentaba en una treintena de localidades aunque sin exhibir su marca, la confusión termonológica le ha pasado factura.
Ciudadanos, el otro partido emergente en el conjunto de España, tendrá una mínima representación en el País Vasco, limitada a las Juntas de Álava (un escaño) y a ayuntamientos como Getxo. La limitada presencia en Euskadi del partido de Albert Rivera se explica por la debilidad comparativa, en esta comunidad, de las dos formaciones a las que ha arrebatado votos en el conjunto del país: el PP y UpyD.
Irazabi -la coalición de Ezker Anitza-IU y Equo- completa el mapa y recupera con holgura el hueco que tuvo en su momento la Ezker Batua de Javier Madrazo.
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