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JON GARAY
Jueves, 9 de marzo 2017, 15:17
El Frontón Bizkaia fue inaugurado por todo lo alto el 5 de marzo de 2011. La construcción del templo de la pelota más grande de Euskadi, con 3.000 asientos, costó 23 millones de euros. Tan solo cuatro después, se descubrió que tras su lustroso aspecto se escondía un error de bulto: la fachada se desprendía. En concreto, el problema se detectó el 7 de diciembre de 2015, cuando se produjo el desprendimiento de una loseta de la cara sur del recinto.
El pasado mes de noviembre, el diputado foral de Desarrollo Económico y Territorial de Bizkaia, Imanol Pradales, informó del plan foral para subsanar este error. Se encargaron dos estudios a firmas especializadas que concluyeron que el deterioro del edificio obedecía a una mala elección del material y a problemas de anclaje. La factura para las arcas públicas ascendería a 1,5 millones que la Diputación anunció que reclamaría a las empresas que llevaron a cabo los trabajos. «La responsabilidad que vamos a perseguir explicó obedece a dos errores: a la elección del material que hizo la dirección de obra, supuestamente el más adecuado para hacer frente a las inclemencias meteorológicas y que cinco años después se está fisurando, y al anclaje del material a la pared».
Sin embargo, este jueves el ente foral ha informado de que ha licitado la obra con un incremento del 25%: 1.994.252 euros más otros 60.000 por la dirección de la obra, ambas cifras sin IVA. La actuación contempla sustituir 6.500 metros cuadrados de las fachadas ventiladas y resolver el problemas de las filtraciones al interior del edificio. Además, la nueva piel tendrá luminarias LED integradas entre las placas de hormigón polímero, que «realzarán la percepción del edificio durante la noche». Está previsto que los trabajos concluyan este verano y no afectarán a la actividad deportiva que alberga el recinto.
El problema de la asistencia
No es este el único problema que arrastra el frontón bilbaíno. Las empresas de pelota han comenzado a estudiar diferentes fórmulas para atraer más público a los partidos que se disputan en el recinto. El inconveniente no está en las numerosas finales que alberga -sin ir más lejos, este año acogerá la del Parejas y una de sus semifinales, y es un habitual también del Manomanista, la principal cita del año-, cuando se cuelga el cartel de 'no hay billetes', sino en los festivales de menor envergadura, para los que sus 3.000 plazas se han revelado excesivas.
Entre las propuestas que se barajan para atajar esta sangría de público están la bajada del coste de las entradas o que las butacas de cancha cuenten con diferentes precios, según el lugar en el que estén emplazadas. Asimismo, se estudia apostar más por la calidad que la cantidad. Actualmente son 17 los torneos que se juegan en el templo vizcaíno y se pretende apostar más por encuentros de mayor atractivo para el aficionado.
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