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N. ARTUNDO n.artundo@diario-elcorreo.com
Jueves, 3 de mayo 2007, 05:13
Se dice que los artistas tienen la capacidad de ver más allá de lo obvio. En el caso del jerezano Carlos González Rajel esta característica es algo de lo más patente. Inventor de la 'Esqueletomaquia', el pintor y dibujante retrató a conocidos personajes de España, desde El Quijote, Goya o el portero Zamora al general Queipo de Llano, Ortega el bailarín o la cupletista y actriz Raquel Meller. Pero con los huesos a flor de piel.
Este creador, magistral dibujante obsesionado con los esqueletos, protagoniza ahora una muestra en la sala Amárica, organizada por el Departamento foral de Cultura y el Hospital de Las Nieves, dentro de los actos del centenario del psiquiátrico. «No era una persona con una enfermedad mental que pintaba -como hacen algunos por terapia-, sino un pintor que sufrió una enfermedad mental», distinguió el diputado de Cultura, Federico Verástegui.
Y es que González Rajel padeció una psicosis maníaco-depresiva, así como problemas con el alcohol, lo que llevó a su ingreso en el psiquiátrico de Ciempozuelos, en Madrid, hacia 1956. «Allí pintó mucho, inspirado en El Quijote, así como las diez tablas de 'Test de Rorscharch', de las cuales nos han dejado tres para la exposición», explicó el coordinador de la muestra Javier Girbau.
De hecho, esta es la primera ocasión en la que se muestran al público los trabajos de aquella época, ya que no se había realizado ninguna exposición del artista, fallecido en 1969, desde 1955. De estos momentos son los retratos de enfermas psiquiátricas -cráneos con melena que asoman de envoltorios como albornoces o mantas-, la pelea a espada de un Quijote-esqueleto contra un gato negro erizado, un retrato sin rostro de la Duquesa de Alba o varios estudios de calaveras.
Y es que la muestra contiene un buen número de bocetos, en los que se evidencian influencias que van desde Goya y Velázquez al propio Rembrandt. También hay algunas fotografías del artista, junto a varias realizadas por él o retratos más convencionales, entre los que destaca el de su esposa Amalia, a quien llamaba «mi mujer y mi loquera».
Pero entre las inquietantes figuras que con frecuencia danzan en los cuadros, con una importante calidad de movimiento, destaca una obra con base tristemente real. Realizada en 1936-1937, 'El loco del Estrecho' muestra a un gran esqueleto con botas y fajín de militar. Saluda con la diestra abierta y en alto, mientras cruza por Gibraltar. Y, sobre su cráneo, se superpone el rostro del general Franco.
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